‘Black Mass’, Johnny Depp domina un thriller criminal lento


Emmanuel Báez Octubre 29, 2015 0 Lectura de 4 minutes

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Si no hubiera sido por Johnny Depp, el relato de Black Mass habría sido un tiro a medias. Sí realmente fue un mafioso tan peligroso y mañoso como la película quiere retratarlo, se quedan a unos pasos de causar una impresión perdurable, pero Depp, que adopta una forma más intensa luego de muchos años de trabajos para un público más inquieto, le insufla de suficiente magnitud y sobriedad a su interpretación como para hacer que todo el conjunto resalte.

Este tipo de historias tiene mucho que ver con los actores que pongan frente a cámara, y en ese apartado, el director Scott Cooper acierta en la mayoría de los casos, desde Joel Edgerton, hasta Benedict Cumberbatch, y un excepcional aporte secundario de Peter Sarsgaard que está haciéndose camino de forma lenta pero segura hacia algún trabajo propio donde pueda llegar a demostrar que tiene lo que se necesita para los laureles.

Pero esta es la historia de James Bulger, apodado Whitey, aunque no le gusta que usen ese sobrenombre, según advierten al principio, porque puede llegar a quitar lo peor del personaje, aunque tal cosa nunca ocurre a causa de eso en ningún momento posterior. El desarrollo, de esta manera, no es de lo más interesante y no se eleva más allá del típico thriller callejero de los que ya se vieron muchos a esta altura, pero siempre que Depp aparece en pantalla, con una mueca de asco o decepción o enojo, la cosa se pone más atractiva.

La trama sigue a Bulger buscando ascender como líder de las calles y eliminar a sus enemigos italianos a finales de los años setenta, donde el crimen reinaba entre los callejones y la policía hacía mayormente oídos sordos a pedidos de auxilio ya que en gran parte estaban comprados por la mafia. Cuando la situación empieza a complicarse con los italianos, Bulger accede a colaborar con un viejo amigo, que ahora trabaja para el FBI, en un intercambio de información e impunidad que le garantizará una fácil escalada hacia la gloria mediante cualquier acto ilegal.

El guion convence porque se torna personal, pero sin tomar bandos en ningún momento. Presenta la historia real –con las licencias creativas que se pueden esperar de un biopic- desde su punto de vista, entregando detalles íntimos, y deja que el espectador tome sus conclusiones acerca de las acciones de Bulger y su equipo.

Pero como suele suceder en estos casos, el progreso es lento y la trama se vuelve distante, causando un letargo que puede ser tedioso. Es una película de dos horas que se siente como de tres, y los problemas están en ciertas subtramas, como todo lo que sucede adentro del FBI y el accionar de las autoridades, en especial el director, interpretado por Kevin Bacon, que tendrían más sentido si fuera una comedia negra acerca de lo absurdo de las instituciones gubernamentales. Siento que a los Coen les hubiese gustado retocar el guion.

Está bastante claro que Cooper quiere hacer una mezcla entre Eastern Promises y Goodfellas, pero su mejor arma es Johnny Depp, y eso no es suficiente, si bien el actor se entrega totalmente y causa recelo hasta en sus expresiones más sutiles, así como en sus momentos más delicados y complejos, como la muerte de su hijo, que según el relato, tuvo mucho que ver con su personalidad y su forma de actuar en los años posteriores.

Black Mass podría haberse beneficiado de una mirada más corta, y todavía más introspectiva en las decisiones de Bulger. Depp está realmente fascinante y domina el personaje, con todo su maquillaje y su temeroso deambular, y es uno de sus mejores papeles en unos diez años. Ojalá retome este camino que saca lo mejor de él.



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