‘Victor Frankenstein’, un monstruo más del montón


Emmanuel Báez Diciembre 5, 2015 0 Lectura de 4 minutes

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Hay decenas de películas que muestran de alguna u otra forma al monstruo de Frankenstein, ya sea como uno de los personajes centrales o como un mero vehículo para otros relatos. Como otros clásicos, realmente hace falta algo enteramente novedoso como para que valga la pena contar de nuevo la historia, pero Victor Frankenstein no es el caso, aunque al menos intenta contar el relato desde otro punto de vista.

Esta película cuenta la historia ya conocida, desde el punto de vista de Igor, otro personaje que también ya apareció como asistente en otras clásicas películas de terror, incluyendo algunas que no fueron protagonizadas por Frankenstein. Se volvió una especie de secundario de fábrica que nunca tuvo nada importante que decir, por lo que contar una historia a través de sus ojos no es mala idea.

El guion de Max Landis, que escribió cosas más memorables, presenta un conflicto donde la ambición del científico le supera, y lo convierte en alguien sediento de poder, sin introspección ni miedo a ir más allá de lo permitido. Al principio, rescata a Igor de un circo, y la amistad de ambos crece gracias a una pasión común por la ciencia y la medicina, pero por culpa de un tercer interesado, Frankenstein no mide las consecuencias de sus actos.

Imagino que eso habrá llamado la atención de Daniel Radcliffe, que a esta altura ya está completamente desprendido de la imagen de Harry Potter, y se nota que disfruta al máximo cualquier tipo de desafío que pueda hacerlo madurar como actor. El papel de Igor tiene un diseño interesante, y su caracterización es lo que le da energía a la trama, ya que la misma no tendría fuerza por sí sola.

James McAvoy también aporta lo suyo, con notable brío y un ánimo inquietante, personificando a Frankenstein de forma diferente a lo visto hasta ahora, al menos en las producciones más comerciales. La contundencia que ambos imprimen a sus personajes le da el toque contemporáneo de urgencia, para estar a la moda de que todo debe ser rápido, exageradamente expresivo, y rozando el histrionismo visual.

Sin embargo, la película no ofrece nada nuevo que genere suficiente emoción más allá del trabajo de ambos actores. La dirección de Paul McGuigan parece copiada de Guy Ritchie en las dos películas de Sherlock Holmes, con infusiones innecesarias de cámara lenta y sobreimposiciones ilustrativas que representan el pensamiento rápido de sus protagonistas, además del carácter de ambos, que no parecen pertenecer a su época.

La trama se complica por la aparición de un oficial del Scotland Yard, interpretado por Andrew Scott, que aunque tiene una presencia exótica y algo intimidante, parece tener siempre la misma actitud y un set limitado de ademanes y expresiones. Su personaje es el de un fanático religioso que choca con las misteriosas acciones de Frankenstein, pero el desarrollo de los conflictos nunca sale de lo genérico, sin ofrecer nada realmente cautivador como para que el producto final vaya más allá del simple intento de entretener porque sí.

No es que entretener porque sí sea algo malo, pero no se puede ver una película de Frankenstein a estas alturas esperando que uno no piense en el bagaje cultural que generó el personaje, unos doscientos años después de la novela original de Mary Shelley. Victor Frankenstein intenta ser una visión nueva del clásico monstruo, pero lo que salió es más comparable a lo que hicieron con The Wolfman en 2010, y ahora ya nadie recuerda esa película.



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