‘El Contador’, un Batman autista


Emmanuel Báez Octubre 31, 2016 0 Lectura de 4 minutes

contador

Realmente me parece interesante la premisa base de El Contador: un chico con autismo aprende a controlar su trastorno a través de las artes marciales y su habilidad casi sobrenatural con los números. Se convierte entonces en un contador para algunos de los criminales más notorios a nivel mundial, capaz de resolver misterios financieros de quince años en apenas 24 horas y, en su tiempo libre, puede eliminar asesinos en menos movimientos que Steven Seagal. Si se preguntan por qué se dedica a algo tan peligroso en vez de resolver los problemas económicos del país, no encontrarán respuesta alguna, pero la interpretación verosímil e intensa de Ben Affleck quizás sea suficiente para ignorar ese y otras cuestiones.

La película inicia con un asesinato brutal en un local repleto de mafiosos, plantando el misterio para un thriller que va sumando elementos a una intriga que no es tal porque desde el principio sabemos que los agentes del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos están buscando al hombre, a un contador, “al Contador”, en mayúsculas, así que es más bien un juego de gato y ratón predecible cuyo verdadero giro se revela recién hacia el final, luego de un montón de vueltas y elementos que se van agregando a la trama para complicarla más. Es una buena complicación, la mayor parte del tiempo, y a pesar de los líos y un desarrollo algo confuso, es todo bastante entretenido.

Esta es probablemente la película que Affleck decidió hacer para no perder toda la masa corporal que adquirió con Batman v Superman y que debía mantener para Justice League. Su personaje, Christian Wolff, sufre de un tipo de autismo funcional elevado, controlado con un entrenamiento militar supervisado por su padre, que con buenas intenciones decidió alejar a su hijo de cualquier tipo de tratamiento convencional. Junto a su hermano, fue entrenado en Indonesia en algo parecido a Muay Thai, aunque estoy seguro de que luego aprendió otras artes marciales. Su padre, convencido de que ese nuevo estilo de vida era necesario para evitar el sufrimiento social que conlleva a veces el autismo, sometió a él y a su hermano a duras pruebas.

De ahí al tiempo presente no se explica nada. Por alguna razón El Contador trabajó para algunos de los criminales más poderosos, y de alguna forma estuvo conectado a los arrestos de los mismos a lo largo de los años, por lo que cuando descubre una fuga financiera en su nuevo trabajo, se convierte en el objetivo de unos asesinos que lo buscarán a él y a una joven contadora (Anna Kendrick), quien fue la que descubrió la falla en el papeleo en primer lugar. Ahí Wolff le revelará sus habilidades en una espectacular secuencia de pelea de esas que son entretenidas porque la cámara se mantiene con un buen pulso, aunque traumado por algunas palabras de su padre, se alejará de ella una vez que se encuentre a salvo.

Al mismo tiempo que ocurre todo esto, entre flashbacks y escenas de contaduría que convencen gracias a Affleck, tenemos al Jefe del Departamento de Tesoro interpretado por J.K. Simmons, que solo busca llegar a su retiro sin ningún problema, aunque luego revela saber más del caso de lo que dice en un principio, convenciendo a una agente de unirse a él en una investigación con motivos ulteriores. Bien llevadera como es, el guion no consigue la suficiente fuerza porque se pasa adicionando enigma sobre enigma, y pretende sorprender con unos giros que realmente no merecen tantas vueltas. El director Gavin O’Connor hizo un buen drama familiar con Warrior, y acá intentó mezclar un par de géneros sin tener todo claro. Afortunadamente para él, tuvo un elenco bien aprovechado y comprometido que hace que los puntos absurdos de la película se dejen pasar sin mayores quejas.



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