‘El Secuestro’, intento de cine hollywoodense en Encarnación


Emmanuel Báez Octubre 7, 2016 Comments Lectura de 4 minutes

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El Secuestro es otra producción paraguaya que no tendría que estar siendo proyectada en una sala de cine. Sin embargo, es la que está hecha con más ganas de contar una historia con inicio, nudo, y desenlace, y eso ya es decir mucho si comparamos con películas como Mangoré o Gritos del Monday, que ni siquiera llegan a tener pies ni cabeza. En esta oportunidad tenemos una película que podría ser la tesis de un estudiante de audiovisual, y si hubiese sido el caso, no le estaría dedicando estas líneas, pero como ya dije en otra ocasión, el simple hecho de pretender estrenar una obra de género en una sala de cine comercial conlleva someterse a un juicio acorde.

A pesar de lo evidente, creo que se trata de la película que más tiene un sentimiento optimista detrás de cámara. El director Hugo Cardozo, que también escribe, produce, y protagoniza la película, además de cantar y hacer sus propias escenas de riesgo, parece ser una persona que se sienta cada día a ver una película hollywoodense nueva, aunque una escena de pelea filmada enteramente en la cárcel de Encarnación tiene como obvia inspiración a la indonesia The Raid. Tiene su mérito el hecho de que el realizador se haya encargado de las tareas más importantes de la producción, pero dejando los aplausos de lado, el problema principal de la obra es justamente una completa falta de desapego.

La trama sigue a un joven con sueños de convertirse en cantante, aunque lleva una vida humilde que lo mantiene bien alejado de cualquier oportunidad de acercarse a su meta. Sin embargo, tras un encuentro con las fuerzas de la ley, termina trabajando para el hijo de un poderoso narcotraficante colombiano que volvió a Paraguay para tratar de encontrar su propio destino como mafioso. Trabajar para él le permite cumplir sus sueños, y en ese tiempo conoce a una joven de quien se enamora perdidamente, agregándole algo de romance a la historia que para entonces ya intentó pasar por el drama, el suspenso, el thriller, el misterio, el crimen, y la comedia, sin conmover, asombrar, intrigar, o hacer reír.

El guion tiene atisbos de cine, pero se queda a medio camino de todo en el buen intento. La escena de pelea cuerpo a cuerpo en la cárcel está bien ejecutada, y creo que es la primera vez que alguien hace un plano secuencia de más de dos minutos en el cine paraguayo. Además, tiene una historia interesante bien enterrada en algún lugar, cuando se centra en la lucha interna del protagonista (que también se llama Hugo, porque actuar con otro nombre parece que iba a ser demasiado), exponiendo sus sueños y habilidades como cantante. Se nota un amor a la música que hubiese sido foco de un conflicto más interesante, algo al estilo de 8 Mile con Eminen, pero Cardozo decide hacer Hollywood, cayendo en clichés y convenciones de género sin los más mínimos aderezos narrativos para desarrollar algo diferente.

Por si fuera poco, resulta que hay un mensaje religioso detrás de todo, aunque al menos lo dejan para el epílogo y no lo hacen insufrible como en Felices los que Lloran. A pesar de la buena intención y el buen augurio que me genera Hugo Cardozo -pues la película tiene algo de onda a partir de cierta energía de cine B que por momentos justifica la terrible actuación de todos-, seguimos hablando de un producto que busca ser cine comercial, y por eso fracasa rotundamente. Al final, como película, es un buen material turístico para la ciudad de Encarnación, con numerosas grabaciones aéreas tomadas en días de mucha actividad, agregándole algo de valor de producción. Fuera de eso, es una experiencia para olvidar fácilmente.



Comentarios

  1. […] cifras altas en total, son altas por los cines de Encarnación, donde fueron a sus cines a mirar su ridícula película por una cuestión […]