‘Guardianes de la Galaxia 2’, conociendo a la familia espacial


Emmanuel Báez Mayo 3, 2017 0 Lectura de 6 minutes

Realmente no se me ocurre un escenario en el que no existan las películas de Guardianes de la Galaxia en el universo cinematográfico de Marvel. No se puede negar que todas las demás tienen su atractivo, pero tampoco se puede refutar que son los Guardianes los que le dan más sabor a toda la ensalada que sigue armando y rearmando el estudio a medida que las historias van evolucionando hacia el inminente enfrentamiento final entre los Avengers (y los Guardianes), y el temible Thanos, y lo que sea que ocurra en los próximos diez años con estos personajes. Cuando llegó la primera película de esta familia disfuncional intergaláctica, en el 2014, fue lo más entretenido que se había visto en el género del space opera desde Serenity.

La segunda entrega de Guardians of the Galaxy llega después de la apertura cósmica de Marvel con Doctor Strange, así que algo que tiene en su contra es que ya no tiene la novedad y la sorpresa de su antecesora. Para compensar, el guionista y director James Gunn hace algo que pocas películas de este tipo suelen hacer -especialmente si hablamos de segundas partes de cualquier tipo de blockbuster- y eso es contener las tendencias Hollywoodenses de tirar la casa por la ventana, dándose el lujo de enfocarse en sus protagonistas, sus relaciones y los conflictos que se van presentando y, por consiguiente, dándole más emotividad a las respectivas resoluciones. Es cierto que vuelven a salvar a la galaxia, pero lo hacen también salvándose a ellos mismos, dejando de lado sus caprichos individualistas, y viendo más allá de sus propias narices -o, en el caso de Rocket, su hocico-.

La trama nos reencuentra con los miembros del equipo defendiendo unos artefactos de gran poder, los cuales pertenecen a los Soberanos, una raza de alienígenas perfectos y soberanamente arrogantes. Luego de una magnífica introducción -elevada por la ternura extrema de la versión infante de Groot al ritmo de Electric Light Orchestra-, los problemas inician cuando Rocket se roba las baterías que defendió, convirtiendo a los Soberanos en sus enemigos, y desatando una serie de conflictos personales que causarán un quiebre en la familia. Ya cuando todos se conocieron era evidente que Rocket tenía serios problemas de inferioridad, pero esta vez la película profundiza en su personalidad y la de sus compañeros. Si bien algunos reciben más relevancia que otros, cada uno tiene su momento de darse a conocer más, y aportar al desarrollo del grupo.

Empezamos obviamente por Peter Quill, alias Star-Lord, el líder de la banda, que es alcanzado por su padre biológico luego de un escape desesperante del ataque de los Soberanos. Con gran elegancia y estilo se presenta Ego (Kurt Russell), un ser de millones de años que lo convence para que lo acompañe a su planeta, que resulta ser él mismo. Allí le explica a él, y sus dos acompañantes -Drax y Gamora- acerca de su herencia, algo que resulta increíble, aunque verosímil. La noción de que Peter pueda acceder a los poderes sobrenaturales de su padre resulta abrumador, pero extremadamente tentador para él, aunque el escenario de reencuentro familiar se va tornando paulatinamente sospechoso. Con su llegada se introduce también a Mantis (Pom Klementieff), una alienígena con habilidades empáticas y actitud inocente, pero de una valentía que será decisiva para el futuro.

Mientras tanto, en un planeta aparentemente abandonado, se quedaron a reparar la nave Rocket, Bebé Groot, y Nebula, quien fuera recuperada de los Soberanos como “recompensa” para los Guardianes por haber completado el trabajo inicial al pie de la letra, si bien la labor mecánica es enteramente de Rocket, quien se encuentra rebosando de ira y despecho. En ese momento aparecen los Desvastadores bajo la orden de Yondu, que vuelve a tener la posibilidad de eliminar todo el equipo de Star Lord, pero nuevamente decide no seguir adelante, provocando un motín por parte de sus propios tenientes, quienes se revelan ante él, obligándolo a relegar el mando. Yondu entonces se ve arrinconado, forzándose a rever su camino y las decisiones que lo llevaron a convertirse en quién es.

Si bien el guion de Gunn está repleto de escenarios impresionantes como el planeta de Ego, y algunas secuencias de acción realmente ingeniosas -resalta el fantástico escape de Yondu de su propia nave-, el foco salta de drama personal a drama personal. Esto hace que la trama sea algo dispersa, pero con personajes bien desarrollados que resultan entrañables y afectuosos, lo cual termina siendo un innegable contrapeso. Mientras que la primera película era la formación de la familia de los Guardianes de la Galaxia, esta es donde todos los miembros realmente se conocen y se abren, sanando viejas heridas y permitiendo que puedan enfrentar futuros desafíos con más confianza y unión. El único que no tiene desarrollo de ninguna clase es el pequeño Groot, pero como exclama uno de los devastadores: “es demasiado adorable como para matar”, es definitivamente demasiado adorable como para criticar.

Todos los actores que regresan están maravillosos: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Karen Gillan, y Michael Rooker, además de Bradley Cooper como la voz de Rocket. La aparición de Sylvester Stallone como Stakar, un viejo mentor de Yondu, es genial y recuerda que hay un verdadero actor debajo de tanta masa muscular. Sean Gunn como Kraglin le aporta algo de humanidad a su personaje, y su presencia le da más sustancia a la heterogeneidad espacial. Tantas cosas funcionan demasiado bien que uno fácilmente olvida que la película casi carece de villano y que el hilo conductor es el tipo de drama que se vería de forma episódica en una serie de televisión. Ayuda el enérgico repertorio musical seleccionado cuidadosamente como para que el mix jamás distraiga de la acción, sino que lo acompañe en el espectáculo de fantasía espacial ochentosa que se disfruta sobremanera hasta el final. Si en el espacio realmente se escuchara a George Harrison, nadie en su sano juicio querría dejar de viajar por las estrellas.

Como suele suceder con las películas de Marvel, a Gunn se le escapa un poco el humor de las manos, aunque el chiste del Zune pasará a la historia como uno de los mejores de toda la factoría -la reacción de Peter al enterarse de que el dispositivo contiene hasta 300 canciones es impagable-. Sin embargo, el aire de entretenimiento puro se sobrepone a cualquier falencia, ya que cumple su objetivo de ser una secuela alegre, íntima, y muy enérgica, que hace reír, emociona, y sigue elevando el estándar de lo que es el cine de superhéroes, algo que ya muchas veces anteriormente parecía imposible, pero que a estas alturas es logro común de Marvel.



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