‘Hitman: Agent 47’, el asesino de películas de videojuego


Emmanuel Báez Septiembre 6, 2015 0 Lectura de 4 minutes

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Hitman: Agent 47 es una adición más a la lista de películas basadas en videojuegos que fracasan monumentalmente. Además, forma también parte de los fallidos intentos de reinicios de franquicia apenas unos años después de un previo intento. En el 2007 se estrenaba Hitman, con Timothy Olyphant, y aquel fue un producto hueco y poco memorable, sin ningún tipo de carisma ni valor agregado que valga la pena mencionar.

Esta vez, es el actor Rupert Friend el que toma el rol del enigmático asesino diseñado genéticamente para obedecer órdenes sin vacilar, aunque logra escapar del sistema que lo controla y persigue su propia agenda. Friend es mucho más convincente como el agente 47, con una interpretación contenida y acertada y un semblante más intrigante, que hace que todo el despropósito en el que se convierte la película sea ligeramente tolerable.

La trama se enfoca al principio en una mujer con habilidades algo sobrehumanas para escapar amenazas inminentes haciendo uso de unos sentidos modificados genéticamente, aunque ella desconoce por completo la naturaleza de sus aptitudes ni el misterio que se cierne sobre su persona, ya que varios bandos intentan localizarla para así poder encontrar a su padre, el científico que estuvo a la cabeza del programa de agentes y desertó, abandonándola a su suerte, con la esperanza de que pueda aprender a defenderse sola.

La película empieza con una narración detallada que explica la premisa, la intención del villano, el misterio detrás de sus acciones, y otras cuestiones que siempre puede ser mejor expuestas de forma sutil mediante diálogos o acciones a lo largo de la película. Sin embargo, tanto esta versión como la película anterior fueron escritas por Skip Woods (X-Men Origins: Wolverine), y las sutilezas no son para nada su fuerte. Tampoco lo es la dirección de Aleksander Bach, que es uno de más de los directores de comerciales que son sometidos por la fuerza indeseadas de los ejecutivos de estudio, que terminan comandando la producción.

Sin embargo, la película empieza bien. Al menos la primera media hora es prometedora, con algunas secuencias de acción salidas directamente del videojuego en que se basa, con el protagonista despachando a unos veinte guardias mientras baja una escalera como un curso de obstáculos prescindible. Se firman las escenas con algo de gore gratuito y entretenido, pero a medida que avanza la historia y el guion va demostrando su lado más risible, lo poco que la película tiene de interesante no es suficiente como para dejarse llevar.

Casi todo en la película parece pensado de la forma más superficial posible, desde los diálogos que pueden llegar a ser cómicos cuando más quieren ser serios, hasta clichés que ni siquiera están disfrazados de algo más. En algunos momentos los efectos especiales son paupérrimos, y en otros el valor de producción es notablemente amateur y descuidado. Hasta hay errores de continuidad que son increíbles de presenciar en una producción de este calibre, aunque tampoco es para decir que se nota que le pusieron mucho empeño.

Pero tiene sus momentos, aunque son aislados y muy esporádicos. Hannah Ware es también interesante como Katia, y su química con Friend es aceptable, aunque los dos, como el resto del elenco -algunos desaprovechados, otros, desinspirados- son víctimas de un “hitman” superior que está poco interesado en realizar películas que vayan más allá del fin de semana de estreno y la modesta taquilla internacional. Por si no fuera poco, la obra termina con uno de los peores cliffhangers de la historia del cine para una película que probablemente jamás vea una secuela. Ahora mismo, me resulta más interesante estar presente en la reunión donde se decidió tal desenlace.



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