‘Kong: Skull Island’, espectáculo de monstruos


Emmanuel Báez Marzo 11, 2017 Comments Lectura de 6 minutes

Hace tres años, Gareth Edwards revivió con furia y soberbia a Godzilla. Ahora le tocó el turno a King Kong, otro de los grandes del cine de monstruos, que llega con una mejora notable en cuanto a tamaño, preparado para lo que sea que el cine comercial quiera de él más adelante. El director Jordan Vogt-Roberts se gradúa con honores en el género con una película que cumple con el único requisito que realmente importa en cualquier film de este tipo: los monstruos y cómo estos se enfrentan a lo que sea que deban enfrentarse, ya sea un grupo de militares y científicos que irrumpen en su tranquila isla, o las bestias milenarias que viven debajo de las rocas y solo aguardan el más mínimo descuido del guardián para salir a la superficie y reclamar territorio.

En ese sentido, Kong: Skull Island es bastante diferente a lo que Edwards ofreció con el renacimiento del coloso japonés. La película inicia con una pelea aérea durante la Segunda Guerra Mundial, y sigue a dos pilotos que realizan un aterrizaje forzoso en medio de una isla. Rápidamente, los dos sobrevivientes intentan eliminarse con lo que tienen a mano, pero son interrumpidos por un simio de proporciones épicas, que parece deshacerse de estos dos parásitos que acaban de molestarlo. Unos treinta años después, y la humanidad se encuentra sumida en otro tipo de caos, la Guerra de Vietnam, y la película se convierte en una especie de Apocalypse Now remixado para una generación más impaciente. En el momento en que la historia necesita de los protagonistas humanos, se torna básica, pero afortunadamente para todos, el guion de Dan Gilroy, Max Borenstein y Derek Connolly tiene sus prioridades bien organizadas.

La trama está adornada de personajes prescindibles cuyo máximo propósito es morir en la película, aunque alguno que otro resulta más o menos memorable, ya sea por las interpretaciones, o porque tienen muertes realmente dignas del museo del cine de monstruos. John Goodman encarna a un geólogo con motivos ulteriores, ya que desea despertar a cualquier monstruo que se encuentre dormido en la isla, y así confirmar al mundo un encuentro cercano que tuvo cuando era pequeño. Su equipo se adosa al de una expedición científica, la cual cuenta con el apoyo de un grupo de soldados que se encontraban despidiéndose de la guerra, y solamente deseaban volver ya a casa. No es el caso del Coronel del grupo, que agradece una última misión antes de retirarse, y con el rostro de Samuel L. Jackson, es más que apropiado.

Tom Hiddleston interpreta a un exagente del Servicio Aéreo Espacial británico, mientras que Brie Larson hace de una fotógrafa de guerra que desea exponer al mundo lo que los conflictos bélicos realmente provocan. Este ecléctico grupo se adentra en la isla, y empiezan a bombardear el suelo con el objetivo de comprobar una teoría, aunque la primera defensa de Kong probará ser más que suficiente para que la misión termine antes de empezar. En los primeros treinta minutos de la película, ya vemos al Rey destrozar una veintena de helicópteros y aplastar numerosas veces a soldados anónimos, ya sea con sus propios puños o haciendo uso de palmeras y árboles. Sin duda alguna, hubo una buena mesa de reuniones donde se compartieron ideas sobre cómo presentar a Kong y las criaturas que luego le siguen, y la mayoría de las ideas son realmente geniales.

En esencia, es una película clase B con presupuesto clase A. Recuerda en todo momento a todas las peleas entre monstruos de los clásicos títulos orientales, incluyendo los más absurdos que no tenían un solo centavo extra para convencer de que no se trataba de una persona adentro de un traje. Acá, con la tecnología actual de efectos visuales bien aplicados, es un festín espectacular que no tiene miedo en mostrar a las bestias en primer plano, mientras alguien se encuentra narrando acerca de sus orígenes. Al menos ofrecen algo nuevo y bueno a la típica escena de exposición narrativa, y todo resulta más eufórico mientras Kong prueba su fuerza con dos monstruos tipo lagartos. Me quedé particularmente sorprendido con una secuencia que presenta a una gigantesca araña que se mimetiza entre enormes plantas de bambú, y una especie de insecto camaleónico con piel de tronco botánico.

Si por alguna razón esperan algo más de desarrollo de personajes en una producción como esta, aparece John C. Reilly como uno de los dos pilotos que cayeron en la isla décadas atrás, y se roba el show para no devolverlo más, algo que es completamente natural de su persona, reafirmando que puede tomar un rol básico y hacerlo tridimensional sin mucho esfuerzo, aunque tampoco quiero quitar mérito a Larson y Hiddenston, que están fantásticos en sus papeles, por más que estos sí sean bien superficiales. Por lo general, la película requiere de ellos en primer plano, con lágrimas asomándose por la cuenca de los ojos, y con eso ya convencen.

Sin embargo, creo que es la película con más tiempo en pantalla para Kong de todos films sobre King Kong que se llegaron a hacer. Ni siquiera Peter Jackson dio tanta presencia al simio en su épica de tres horas. Acá es todo acerca del espectáculo, y con las ideas bien claras, es difícil caer en distracciones, ya que en todo momento hay algo nuevo que disfrutar, sea alguna secuencia de acción bien ejecutada donde los aventureros simplemente corren despavoridos o los soldados disparan o mueren, o una brutal lucha de titanes que no decepciona en lo más mínimo. Entre esta y Godzilla de Gareth Edwards, es evidente que van a tomar más este tono más ligero para el universo cinematográfico de monstruos que están creando, y si mantienen el estilo y van directo al grano como ahora, creo que será algo innegablemente entretenido.