‘Pasajeros’, una mezcla entretenida de romance y ciencia ficción


Emmanuel Báez Enero 10, 2017 Comments Lectura de 5 minutes

El guion de Passengers, firmado por Jon Spaihts, fue seleccionado como uno de los mejores sin producir en el año 2007, cuando el proyecto contaba con Keanu Reeves como actor principal. En algún momento, varios años después, el casting estaba compuesto por Reeves y Reese Witherspoon. Esa es una imagen muy diferente a la que nos ofrece la película final, protagonizada por Chris Pratt y Jennifer Lawrence, dos de los nombres más populares del cine ahora mismo. No hay duda alguna de que la razón por la cual esta película se produjo con ellos al frente es por el poder mediático que tienen ahora mismo, y es la razón por la cual no terminó de convencerme a pesar de que la mezcla de romance y ciencia ficción me parece uno que debería explotarse más.

Passengers también está siendo motivo de mucha discusión últimamente por las decisiones morales de su trama. La misma se centra en Jim Preston (Pratt), uno de los cinco mil pasajeros a bordo de la nave Avalon, con destino a un nuevo planeta con el objetivo de empezar una nueva vida. El viaje debe durar unos 120 años, pero luego de treinta, un accidente deshabilita la cápsula de hibernación de Jim, despertándolo y condenándolo a vivir solo en la nave. Durante un año, se mantiene, pero luego de contemplar la idea del suicidio, termina despertando a una pasajera de nombre Aurora (Lawrence), a quien estuvo observando durante algún tiempo. La película endulza la decisión, pero obviamente hay cuestiones que debatir al respecto y ese se convirtió en tema de incontables artículos online ahora mismo.

Sin embargo, a pesar de las críticas que condenan el rumbo que toma el guion, críticas basadas en la premisa de ¿qué haría uno en su lugar?, creo que el problema son justamente Chris Pratt y Jennifer Lawrence. El primero, carismático y agradable a la vista, pero poco versátil, al menos no del calibre de Sam Rockwell que sobrellevó una película algo similar y hasta interpretando varios personajes al mismo tiempo. Esta es una película donde el personaje de Pratt toma una decisión reprochable, pero más allá de algunas líneas al respecto de su arrepentimiento y sus sentimientos encontrados, realmente la cámara nunca se queda lo suficiente con él como para profundizar en la situación en la que se metió, lo cual es una lástima porque realmente no creo que su decisión haya sido tan descabellada como lo pintan todos.

Creo que es uno de esos casos donde es sencillamente imposible ponerse en el lugar del personaje, y hasta me parece hipócrita y arrogante presumir que “uno no haría eso en su lugar”, porque sencillamente no hay forma de saberlo. Una persona sabia me dijo en estos días que no hay nada más horrible que la soledad, esa sensación desgarradora de sentirse solos hasta en medio de mucha gente, algo que es literal en el caso de Jim, que se encuentra todos los días rodeado de miles de personas sin poder comunicarse con ninguno de ellos. El problema del guion es que no profundiza en este conflicto interno, y la dirección de Mortem Tyldum en todo momento está más interesada en asegurarse de que la figura de Pratt y Lawrence sean lo más importante, y eso da la sensación de que no está para ningún tipo de discusión ética o moral.

Ambos sí están perfectos para acompañar la banda sonora melosa y futurista con situaciones jocosas luego del pánico inicial de qué diablos van a hacer ellos dos solos lo que resta de sus vidas. Como entretenimiento palomitero, la película funciona bien y, aunque la química entre ambos no me terminó de convencer, es difícil no disfrutar de dos de las estrellas más mediáticas del momento. Actoralmente Lawrence está mucho más interesante que Pratt, ya que ella sí tiene algunos de los momentos más intensos, en especial todo lo que ocurre después de descubrir la razón por la cual despertó. Hay una escena en particular donde Aurora empieza a atacar físicamente a Jim en medio de la noche, y resulta bastante catártica y placentera después de media hora de que la película no hiciera nada para hacer que la confrontación sea más descarnada.

La mayoría de los momentos divertidos tienen que ver con un robot interpretado por Michael Sheen, un barman programado para que los clientes vuelvan incansablemente a servirse unos tragos y cuya programación de conversación está enteramente basado en frases clichés y líneas algo sarcásticas. Por supuesto, tiene que haber algún tipo de conflicto superior que haga que los protagonistas dejen de lado sus diferencias, y ahí entra todo el tema de la falla de la nave, que hizo que Jim se despertara en primer lugar. Los elementos de ciencia ficción son básicos y dejan un montón de preguntas absurdas, pero ya sirven al propósito de la película que es, por sobre todas las cosas, un romance espacial que desafía en cierto modo las convenciones del género al presentar una situación inusual que une a dos personajes muy diferentes.

Creo que un casting diferente hubiera invitado a los realizadores a explorar un poco más las cuestiones morales de la trama, lo que no significa que sea desagradable verlos a Pratt y Lawrence compartir besos y abrazos en pantalla. Lo que veo es una oportunidad desaprovechada, un guion sumamente interesante en el fondo, y un producto final que no merece tanta alharaca más allá del divertimento pasajero.