‘Train to Busan’, emocionante espectáculo zombie desde Corea del Sur


Emmanuel Báez Enero 11, 2017 Comments Lectura de 4 minutes

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[Compartimos de nuevo la reseña con el estreno de la película en cines paraguayos bajo el título de Invasión Zombie]

Train To Busan podría haber sido una película más sobre zombies, pero en cambio es una pieza sumamente entretenida que no permite respiro alguno, y cuando lo hace y no tiene a sus protagonistas peleando para sobrevivir, los ubica en un enfrentamiento moral que tiene mucho que decir acerca de cómo nos relacionamos los seres humanos en los momentos de mayor caos. Los mejores títulos del género siempre mezclaron acción y comentario social, y esta propuesta de Yeon Sang-ho no es la excepción, resultando en una obra frenética cuya tensión ascendente es exasperante, con perfectas dosis de típico melodrama oriental sin llegar a niveles empalagosos. En pocas palabras, creo estar hablando de uno de los títulos zombie más fascinantes de la última década.

La trama sigue a Seok Woo (Yoo Gong), un empresario financiero adicto al trabajo, que prioriza reuniones laborales ante el cumpleaños de su propia hija, sin demostrar jamás una preocupación creíble ni un interés sentido en lo que piensa y siente la niña. Lo único que consigue hacer bien es llevarla hasta la ciudad de Busan, la segunda más grande de Corea del Sur, ya que allí la espera la mamá de la niña, con quien aparentemente él no mantiene una relación estable. Ya en el tren a Busan, en medio de un descuido por parte de uno de los guardias de la empresa, se cuela una mujer que se encuentra infectada, dando inicio al brote que terminará afectando a los pasajeros del tren.

La negligencia familiar es un conflicto realista, y que hayan decidido partir de eso hace que la relación entre el padre y la hija sea más delicada. La fragilidad del vínculo es todavía mayor teniendo en cuenta a la hija, Soo-an (Soo-an Kim), que ostenta una madurez adquirida debido a la separación, y su actuar es de una inteligencia emocional adelantada a su edad. Si fuera una producción norteamericana, es innegable que se trataría de un niño metiendo la pata y provocando más problemas que soluciones. Sin embargo, con la actuación madura de Kim, la tensión se vuelve tormentosamente palpable cuando su personaje se encuentra en peligro. Por otro lado, Gong hace el papel de padre despistado con sobriedad, aunque por momentos con cierta estupidez vituperable, pero su arco está muy bien desarrollado y sus reacciones bien justificadas por una historia que no se centra solamente en la acción zombie.

La acción zombie, que es obviamente el plato principal, es increíblemente angustiante. El escenario de caos en un tren en movimiento no es algo novedoso, ni mucho menos el de terror en espacios pequeños, pero la dirección es ingeniosa y bien heterogénea, con los vagones del tren siendo utilizados como si fueran distintos niveles de un videojuego, y en cada estación se necesita de una acción distinta para sobrepasar a los infectados. La repetición es mínima, y así también el descanso que se percibe, lo que lleva a algunos problemas de incoherencia o situaciones que pueden parecer rebuscadas. En una escena, por ejemplo, descubren que los zombies solo se mueven con los ruidos cuando el tren pasa por un túnel, a lo que Woo simplemente reacciona golpeando una parte del vagón con un palo de baseball, haciendo que los zombies se muevan, dándoles espacio para continuar. Sin embargo, en un posterior vagón, en vez de recurrir a la misma simple táctica, Seok Woo utiliza dos teléfonos celulares para atraer a los zombies a la parte trasera. Hay otras situaciones similares, pero no llegan a entorpecer la trama.

La película se siente como lo que tendría que haber sido Guerra Mundial Z, que también mezcló acción frenética en el medio de un conflicto familiar con algo de comentario social, pero se quedó a medio camino y terminó siendo un espectáculo superficial, entretenido, pero limitado. Train to Busan sí ofrece una crítica con respecto a la humanidad del hombre en momentos de desesperación, hablando acerca del egoísmo y el compañerismo en situaciones adversas. Lo hace con crudeza, acompañando siempre la crítica con suspenso e inyecciones de adrenalina narrativa que van construyendo un clímax emocionalmente poderoso.