‘Whiplash’, odisea a la grandeza


Emmanuel Báez Febrero 18, 2015 0 Lectura de 3 minutes

whiplash reseña dest

Para cuando comienzan los créditos finales de Whiplash, conocerán el significado más brutal de ansiedad y éxtasis. Es la culminación de una historia alucinante de maestro y aprendiz que llega a niveles altamente estimulantes, por no decir insanos, aunque eso depende del concepto que tenga cada uno acerca de la búsqueda de la excelencia. El argumento del personaje de J.K. Simmons ciertamente es sólido, y en esos segundos finales es difícil negar el fruto de su severidad, cuando la mirada de ambos se cruzan en un instante anhelado de aprobación y gloria.

La historia sigue a un joven baterista con deseos de grandeza, que ve una gran oportunidad cuando el instructor más estricto de todos lo selecciona para su clase, con miras a quitar lo mejor de él de la forma más dura posible. Estricto es meramente un halago, puesto que la inflexibilidad del maestro roza lo alienado, aunque se puede instaurar un debate moral con respecto a la efectividad de su técnica y cómo su personalidad influye en el desempeño de sus pupilos. Simmons es grandioso en el papel, demostrando una vez más que es tan versátil como es único.

Miles Teller se consagra como una promesa, como ya se anticipaba tras su estupenda labor en The Spectacular Now. Consigue devolver la energía de Simmons con voraz ímpetu, logrando que la fuerza interpretativa entre ambos sea realmente palpable cuando se torna impetuosa e inclusive cuando comparten diálogos sosegados, porque es notable que se va asomando una escena memorable, todo gracias a los intercambios que tienen los dos.

Pero es la labor del director Damien Chazelle y sus actores lo que obtiene esa sinergia fantástica que no se puede describir fácilmente, sino a través de las sensaciones que provoca la película en sus momentos de pura vehemencia musical, con su montaje vertiginoso que transmite a la perfección la urgencia del protagonista de ver su sueño cumplido, sin importar caer en la locura mientras busca la genialidad. Dos estados que, según se desarrolla la trama, van de la mano.

Pero ningún viaje a la grandeza está sin inconvenientes, y el guion retrata con innegable realismo cómo el entorno de Andrew se ve afectado por su decisión de convertirse en el mejor, desde la familia convencional con la típica mirada escéptica sobre el arte musical, hasta una relación amorosa que, aunque no está bien desarrollada, funciona para reforzar la idea de la dificultad que implica esta particular odisea. Es una batalla interior con daño colateral, pero de los que valen la pena sufrir.

Y es un sufrimiento sentido, ya que es inevitable sentirse tocado ante tanto sacrificio. Al final, cada gota de sangre que se derrama sobre las piezas de la batería, y cada plano detalle de las heridas que resultan de tanta presión son inspiradores, y no pasa mucho en el cine que cuando el telón se cierra, uno tenga incontenibles deseos de aplaudir esperando un epílogo. Pero Whiplash termina dónde y cómo debe terminar, de una forma apoteósica de puro brío cinematográfico.



Dejanos tu comentario »

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *