‘Semana Capital’, el silencio de los pecadores


Emmanuel Báez Abril 18, 2010 Comments Lectura de 6 minutes

El equipo realizador detrás de Semana Capital viene estresándose desde hace un buen tiempo tratando de posicionar este novedoso material en las agendas de toda clase de público disponible y dispuesto a darle una oportunidad al cine nacional, el cual se encuentra en un año de crecimiento y expansión maravillosos, algo de lo cual todo futuro realizador debería aprender, ya que mientras el cine esté desarrollándose en nuestro país, seguirá siendo necesario esta clase de marketing directo y amplio para ir desgarrando del espectador local ese miedo y prejuicio con respecto a los trabajos realizados por paraguayos.

Por supuesto que después de tanta publicidad, entra la pregunta de que si todo valió o no la pena. Repetiría la sinopsis, pero creo que los que me leerán ya se la saben de memoria por las susodichas razones, así que voy directo a una de las cosas que más me gustaron de esta película. Hablando con un amigo, le había mencionado que Semana Capital tiene mucho de Kim Ki-duk, el director surcoreano del cual ya revisé varias obras recientemente, y las cuales en su mayoría están cargadas de simbolismos y silencios enérgicos y provocadores. Así como Kim es uno de mis directores favoritos, ya estaba acostumbrado a tener escenas de planos estáticos de larga duración con diálogos mínimos y acciones sutiles, y eso a pesar de que esta clase de cine me resultaba tedioso en mis inicios de estudio, y en mi época anterior a Kim. Lo cierto es que el silencio es un recurso difícil de usar, y mucho más difícil de manipular, pues de esta manera la mayor parte de la narración recae en el rostro de los actores, quienes reciben la responsabilidad de hacer comprender al espectador sus emociones y sentimientos sin el uso absoluto de palabras y con unas expresiones casi invisibles.

Ya había mencionado anteriormente a una de las productoras del largo, como la mirada de Tana Schémbori me resultaba fascinante, sus ojos parecen tener vida propia haciendo que la necesidad de palabras quede relegada solamente para el más bobo del espectador. A pesar de que personalmente no encontré tan interesante la forma en que su personaje, así como también el de Jork Aveiro, representaban su pecado capital, ambos logran que la escena sea una entrada hermosa para la película, que también con una acertada fotografía, ya vaticinan la clase de ritmo por la cual harán pasar al público. Otra de las que exteriorizan sus emociones con lograda sutileza es Andrea Quattrocchi, quien convence con expresiones delineadas con gran naturalidad, y eso teninendo en cuenta que lleva encima uno de los silencios más prolongados, el cual hace que la obra se tambalee  y dependa de Quattrocchi y Natalia Nebbia para no caer en el terreno de lo exagerado.

El problema está en enamorarse demasiado de un recurso o elemento y que estos condicionen la narración, algo que quizás no tuvieron en cuenta en escenas como esta o la final donde algunos silencios tienen tiempos innecesariamente largos, demandando quizás una paciencia que no está justificada. Para contrarrestrar algunos silencios mal calculados, tenemos escenas ingeniosas como la de los personajes de Luis Aguirre yAlicia Martin, donde se recurre a un recurso muy poco usado que personalmente encontré muy simpático, que hace que la situación no solo sea desesperante -por el personaje de Alicia- sino también cómica y original. En otro momento como el de Nico García Hernán Melgarejo, carente absoluto de diálogos, así también como de planos cerrados como para dejar el peso en sus expresiones, se recurre a un brillante uso del decorado y los planos medios para provocar, ya sea rechazo o asombro, por ver a Nico masturbarse a dos manos, ya sea por que a una sola le cuesta o porque tiene mucho con que saciar la gula de Hernán. Eso ya dejo a la imaginación de las interesadas e interesados.

De las cuatro escenas más memorables paso a las más decentes, las cuales todas sufren técnicamente en sonido, una más difícil que otra, pero en general problemáticas ya que estas sí tienen diálogos que se pierden entre incorrectos niveles de volumen, descuidado en ruidos de utilerías y alguna que otra sonorización prescindible. Y esto me pareció muy desventajoso ya que las situaciones restantes no están mal planteadas y que lo técnico se sobreponga al contenido, dañándolo, es un punto en contra. Otro caso sería que ocurra algo similar, como en la escena de Quattrocchi y Nebbia, donde la cámara se mueve en varios momentos a tumbos, pero esto no se sobreponga ni desvirtúe la narración, ya que yo soy de los que opinan que finalmente el contenido siempre será más importante que la forma, y un mal encuadre o un mal plano pueden no ser importantes si la historia contada me llega de alguna manera.

La situación que me pareció menos convincente fue la del día Sábado, pero el problema creo yo que ya estaba en el guión y el desarrollo de los personajes, los cuales tardan bastante en dar pistas sobre su tema y aún así resulta algo vago y poco atractivo. De esta manera, más allá de que los actores sean convincentes o no, ya está la falla de que sus personajes no están construidos con la suficiente fuerza como para agradar; y aún ahora no termino de decidirme si la puesta en escena, que es interesante pero sólo por lo arriesgado, los ayuda o no.

Finalizando la Semana Capital con el único plano secuencia con más planos, y desafortunadamente con el sonido más irritante, el resumen subsiguiente determina el desenlace de sus protagonistas y las siete situaciones que vivieron a lo largo de la película, y la suma de todas sus escenas comprende un conjunto loable aunque no tan vigoroso como en sus efectos individuales. Lo innegable es que la indiferencia no es una respuesta ante el visionado de esta película, ya que en lo memorable y en lo cuestionable, logra provocar la chispa del debate y el análisis, siendo además un buen ejercicio de actuación y un acierto más hacia el crecimiento audiovisual paraguayo.