Reseña: 'The King's Speech', de Tom Hopper


Sergio Colmán Febrero 27, 2011 4 Lectura de 7 minutes

La primera escena de  El discurso del rey ya nos mete inmediatamente en la piel del protagonista; retratando la preparación para un discurso y el nerviosismo del personaje a causa de la presión de todo un reino, de manera eficaz y que finaliza con un triste intento de éste por hablar en un micrófono que además potencia su tartamudeo, que suena como terribles ecos.

La idea de un Rey que no puede comunicarse con su pueblo, literalmente, resulta una tremenda ironía sobre la política y peor aun si está basada en hechos reales. La película cuenta como en los años 30, El Duque de York (Colin Firth), futuro George VI rey de Inglaterra, debe superar su tartamudez para enfrentarse a los nuevos tiempos de la radio y los medios masivos, que se empiezan a utilizar como estrategia de comunicación con el pueblo por parte de los gobernantes. Por lo mismo, su esposa Elizabeth (Helena Bohan Carter) decide llevarlo a tratarse con el Fonoaudiólogo Lionel Logue (Geofrey Rush), un hombre común, con quien desarrollará una interesante relación.

Si quieres limpiar el mundo, empieza limpiando tu cuarto…o tus dientes. Ya desde el inicio sabemos que la tartamudez del Duque tiene sus orígenes internos; en su mente y su autoestima  – producida por su misma tartamudez como algo cíclico- y  en su relación con el pasado y su familia. El Duque debe superar sus conflictos internos para poder comunicarse y al final, liberar su lengua es liberar su mente y es Logue quien se encarga, casi como un psicoanalista, de ayudarlo a descargar sus traumas, a medida que entre ellos va surgiendo una amistad.

El director Tom Hopper parece haber escrito y dirigido la película con el “Manual del realizador” en mano, ya que abusa de los recursos visuales y estrategias narrativas del guión – que por lo general se aplican de manera sutil -de una manera muy evidente. Desde la fotografía, que ya al principio llama la atención sobre sí misma, Hopper usa el gran angular ojo de pez y la cámara baja – contrapicado-  en exceso, por un lado está el claro motivo de distorsionar y ampliar el espacio y los rostros, algo que funciona para retratar la psiquis del Duque, en especial en los momentos previos a sus discursos, donde la cámara lo acompaña con travellings desestabilizados.

La amplitud espacial indica la grandeza y el peso de todo ese mundo en el personaje y esto es ayudado por los encuadres donde vemos mucho techo. Esta fotografía grotesca – que llega a encuadrar rostros en el borde del cuadro opuesto a la dirección de las miradas o en el centro mismo-  por otro lado, más bien parece mirar a la monarquía inglesa como una caricatura, algo que se refuerza al ver otros personajes de ese entorno como Winston Churchil, pareciendo haber salido un dibujo animado. Pero todo esto tiene algo de coherente, el problema es que este mismo tratamiento fotográfico se aplica cuando estamos con Logue, cuyo estado de ánimo, relación con su familia y entorno, es mucho mas estable que la del Duque, y es donde realmente no entendemos visualmente que nos está queriendo decir el director.

Por momentos algunas composiciones parecen emular cuadros pictóricos como el plano en el que vemos por primera vez a las hijas del Duque, que guarda cierta similitud con Las meninas de Velázquez, proponiendo una composición típica de un cuadro barroco – lo curioso es que los personajes en el umbral de la puerta en ambos casos, película y cuadro, cumplen la misma función- . En otro momento, una escalinata llega a confundirnos con la cúpula de una capilla y además remite a la escena anterior en la que vemos a toda la iglesia, literalmente, sobre el Duque.

Logue es un personaje entrañable, que enseguida nos cae bien, ya que además representa al pueblo y es irreverente – fíjense en su insistencia en llamar al Duque de Bertie- es un lindo detalle como éste quiere sorprender a su esposa escondiendo quien es su cliente y la actuación de Geofrey Rush está impecable, y además el casting es acertado ya que Rush tiene facciones mas vulgares y sensibles, de un hombre común, en comparación a las de Firth, mas perfectas y justas. Firth por su lado también está genial y el Oscar lo va a tener merecidísimo ya que compone un Duque complejo, que al principio trata de mantener distancia y cerrarse como acto de defensa, pero que en su mirada demuestra miedo y vulnerabilidad, por detrás de esa postura firme de realeza. Helena Bohan Carter está bien, contenida, diferente de sus anteriores papeles y refleja la tranquilidad y elegancia de la más tarde conocida como reina madre que vivió nada mas que 102 años.

Es lindo como el guión nos cuenta la creciente amistad y confianza entre los personajes, y como desde lo metafórico, el camino para comunicarse con el pueblo realmente implica quererlo, aceptarlo como un amigo, que es lo que ocurre con el Duque respecto a Logue. Aunque, por otro lado, falle con diálogos muy obvios como cuando notamos que un personaje dice a otro algo que ambos ya saben con el único fin de subrayar al espectador, por ejemplo cuando el Duque le dice a su padre “la monarquía no es mas que una firma”, además hacia el final parece Hopper buscar  un conflicto, a lo comedia romántica, con el único fin de establecer un artificial arco dramático en la relación de Logue y el Duque SPOILER Me refiero a  la salida ridícula de que Logue no tiene credenciales, que además se soluciona en menos de 1 minuto. FIN DE SPOILER

Por otro lado existen interesantes aciertos como los detalles; por ejemplo como el Duque camina siempre delante de Logue cuando pasean, o la irónica escena en la que el Duque mira el discurso de Hitler, como intimidado, en una imagen que puede ganar una lectura terrorífica del poder del discurso sobre las masas y además adelanta lo que se estaba por venir y con qué tipo de poder el Monarca debía enfrentarse; si había algo de lo que Hitler hiciera un verdadero arte, es del discurso. Así también la manera con que se retrata todo el procedimiento para hacer funcionar la comunicación radial, como una gran maquinaria, refuerza que sintamos la presión del Duque, que además de tener a todo un  pueblo pendiente y a las respectivas autoridades – como la iglesia, marcándole en toda la película- debe pasar por toda esa maquinaria y hombres trabajando para la perfecta comunicación de su discurso.

Con una dirección de arte impecable – que juega con obvios contrastes – y manejando la narrativa con sentido del humor, El discurso del rey es una película disfrutable y amena que te saca con un agradable gustito en la boca, sin tomarse ningún riesgo y lejos de ser una gran película, con altibajos de guión e incoherencias estéticas, pero que cumple como entretenimiento.



4 Comentarios »

  1. Mauricio Febrero 27, 2011 a las 21:10 - Reply

    Esta película te da la sensación de ver una película de Kubrick por las posiciones hipersimétricas de la cámara, gran trabajo de Hooper y todo el elenco

  2. Mauricio Febrero 27, 2011 a las 21:10 - Reply

    Esta película te da la sensación de ver una película de Kubrick por las posiciones hipersimétricas de la cámara, gran trabajo de Hooper y todo el elenco

  3. Ezequieljury Febrero 28, 2011 a las 13:00 - Reply

    Las dos ultimas peliculas ganadoras del oscar… me dejaron el sabor agridulce de decir… si…se las merecian… pero que pelicula olvidable…

  4. Ezequieljury Febrero 28, 2011 a las 13:00 - Reply

    Las dos ultimas peliculas ganadoras del oscar… me dejaron el sabor agridulce de decir… si…se las merecian… pero que pelicula olvidable…

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