‘Batman vs Superman’, un espectacular desastre


Emmanuel Báez Marzo 25, 2016 0 Lectura de 7 minutes

batman vs superman

La existencia del superhéroe lleva consigo el debate acerca de la existencia del superhéroe. No se puede evitar, ya que la presencia de un ser con habilidades sobrehumanas -inclusive aquellos que son superhéroes gracias a una armadura humana- tiene una conversación inherente acerca de la mortalidad del hombre y la responsabilidad del ser especial. ¿Qué lo hace especial? ¿Cómo delineamos las responsabilidades que conlleva tener grandes poderes? ¿Qué es lo que nos hace humanos? Estas y otras preguntas se han formulado a lo largo de la historia, tanto de los comics como del cine mismo de superhéroes, y la respuesta se vuelve cada vez más compleja a medida que pasa el tiempo, debido a las exigencias y necesidades contextuales de profundizar. Es un buen debate, pero uno que no lo tendremos hoy, porque Batman vs Superman: El Origen de la Justicia no lo merece.

Es exactamente así como se siente la película dirigida por Zack Snyder. Es un largo párrafo que propone una conversación, establece preguntas, y que realmente cree que su cuestionamiento filosófico y cultural es digno de una mesa redonda, pero no es más que un discurso dilatado, repetido, y cansino que nunca termina. Las preguntas no carecen de validez, pero el desarrollo de la tesis puede llegar a ser soporífero, aunque seguramente convencerá a más de uno sobre su propia importancia forzada. Eso está bien. El debate que tanto quiere insertar Snyder está bien, pero estaría mucho mejor dejarlo para la salida, y no forzarlo en una película innecesariamente larga donde lo mejor queda relegado a segundo plano porque, aunque quiera hacerse pasar por una obra de gran solemnidad, sigue siendo un blockbuster comercial acerca de dos íconos de comics enfrentándose en la pantalla grande.

Warner sabe que Superman no es un personaje taquillero. Man of Steel no fue el éxito monumental que esperaban, pero ya establecieron el tono y el ritmo de todo el universo cinematográfico de DC con esa película sin quererlo, así que no es nada raro que esta pseudo-secuela se centre casi enteramente en Batman y su odisea por encontrar el punto débil del hombre de acero para tratar de eliminarlo porque lo cree una amenaza para la humanidad. Su argumento es el punto de conflicto y debate de toda la película. ¿Quién controla al super-hombre y cómo decide este cuándo y cómo debe actuar? El guion firmado por Chris Terrio y David S. Goyer deambula por los pasillos de la filosofía y la mitología incansablemente, con propuestas repetitivas acerca de la necesidad o no de Superman. Una senadora habla al respecto, Lex Luthor habla al respecto, Batman habla al respecto, y hasta el propio Superman lo hace. Se vuelve aburrido bastante rápido. Y el problema no es la seriedad -porque no tiene nada de malo que no quieran meter ningún chiste tonto-, sino la exageración innecesaria de esta.

Por suerte para Superman, Batman está increíble. O, mejor dicho, Ben Affleck como Batman está increíble. Nació para este personaje, y una secuencia de acción cerca del final de la película, donde elimina a una docena de tipos en un depósito, vale por sí sola el precio de admisión. Su trama de investigación detectivesca es sumamente interesante, y esta versión del personaje en su estado más maduro y experimentado tiene un peso psicológico que lo hace polémico. Este Batman no tiene problemas en matar a los malos si es que eso lo llevará a su objetivo. Vivió demasiadas vicisitudes como para tomarse el tiempo de intentar sortear los obstáculos una vez que se presentan, y esa misma visión es lo que lo pone en el camino de la duda extrema con respecto a Superman. Personalmente, no me interesa para nada si respeta o no la esencia del personaje; lo que hicieron con él en esta película está genial.

Sin embargo, sigue atrapado en una película que se sigue haciendo la misma pregunta una y otra vez, y se toma su dulce tiempo en llegar al momento de la respuesta, y cuándo lo hace, se traiciona a sí misma. Durante dos horas, Bruce Wayne está determinado en eliminar a Superman, pero cuando tiene la oportunidad de hacerlo, cambia de opinión debido a una coincidencia cursi. Al menos tienen una buena pelea, sobrecargada en efectos especiales, pero buena. No épica, no memorable, sino simplemente buena. Entretiene por el simple hecho de que son dos íconos culturales enfrentándose por primera vez en la pantalla grande, y porque el superhéroe de Ciudad Gótica finalmente encontró la forma de estar a la altura del Hijo de Kryptón, pero no porque sea realmente magnífica.

Henry Cavill ya creció en el personaje y está muy cómodo en el traje, pero la maldición de Superman sigue siendo su aparente inmortalidad. Man of Steel ni siquiera hacía mención alguna de la kryptonita, y acá se convierte en el arma principal contra su existencia, una prueba más del mal planeamiento de esta película y su forzosa introducción a un universo cinematográfico que no tiene mucha razón de ser, si es que nos guiamos por estas dos películas ya hechas. Jesse Eisenberg es una versión llamativa y bien diferenciada de Lex Luthor, en lo que sería su relato de origen a la versión más conocida, pero es Gal Gadot y su Wonder Woman la que se roba completamente el espectáculo una vez que aparece de forma magistral. Se pasea con vestidos durante largo rato pero cuando se decide a revelar su identidad, la película se pone realmente brutal.

Hay una buenísima película en algún lugar de Batman vs Superman, pero casi está enterrada entre tanto relleno. Snyder tiene un serio fetiche con las secuencias oníricas y los flashbacks, que no aportan absolutamente nada a la trama. Se ven grandiosas con una fotografía fantástica, pero se podrían remover por completo, así como gran parte del enfoque político de la obra, y sería una película de menos de dos horas con un resultado mucho más positivo. Todo lo que tiene que ver con Affleck es interesante -menos los recuerdos y los sueños-, así como la aparición de Wonder Woman, la subtrama de Lex Luthor -hasta que menciona que su “papi” era malo con él-, y la mitad de las secuencias de acción. Por si no fueran suficientes problemas, luego están las referencias a la Liga de la Justicia, y solo diré que el cameo de Aquaman es de lo más ridículo y paródico que pudieron llegar a hacer. Dentro de todo, vale resumir que no estamos hablando de una película mala, pero si una que es meramente competente, y dos personajes tan icónicos se merecían algo mejor.