‘The Man In The Iron Mask’, el retorno del rey pródigo y sus tres mosqueteros


Ricardo Trejo Septiembre 13, 2013 0 Lectura de 4 minutes

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Una de las primeras leyendas que conocí de niño fue la de los Tres Mosqueteros, y de una manera  bastante particular. Fue gracias a una serie animada llamada D’Artacan y los Tres Moqueperros. Más tarde me enteré que los perros en realidad eran humanos y que sólo se trataba de una pequeña amenización de la leyenda creada por Alexandre Dumas en su trilogía de los Mosqueteros. Como todo gran héroe, D’Artagnan, Athos, Aramis y Porthos tuvieron sus grandes aventuras en su juventud, pero llega un momento en que deben colgar la capa y enfundar la espada. Quizá porque ya estén cansados de un sinfín de aventuras o porque derramaron mucha sangre en batalla. Sea como sea, el retomar la leyenda de un héroe veterano siempre es interesante. Randall Wallace (guionista de Braveheart) no desaprovechó esta oportunidad y en la que es su ópera prima, se animó a relatar la última gran aventura de los cuatro grandes de Francia.

The Man In The Iron Mask (basada en la novela El Vizconde de Bragelonne de Alexandre Dumas) es una cinta de 1998 que nos lleva a la Francia gobernada por un tirano y narcisista Luis XIV (Leonardo DiCaprio). Una época donde el hambre abunda, los héroes escasean y el mosquetero más grande de todos cuida la espalda del rey… D’Artagnan (un genial Gabriel Byrne). Mientras en varios rincones del reino, Athos (John Malkovich), Aramis (Jeremy Irons) y Porthos (Gérard Depardieu) viven vidas humildes y en el campo después de varios años de gloria.

Lo curioso del caso es que pareciera que cada uno estuviera pagando por los pecados que cometió en sus días como mosquetero. Basta con fijarse en la situación que todos atraviesan: Athos paga un precio altísimo con su familia en cierto embrollo con el rey, Aramis se  ha convertido en un sacerdota buscando así una manera de redimirse, Porthos sufre de disfunción erectil y D’Artagnan guarda un secreto que le causa profundo dolor. Todos esos pecados tienen algo en común, y es el personaje por el que la película lleva el título: el Hombre de la Máscara de Hierro. Este hombre cuyo rostro fue su gran maldición, prácticamente es la última gran esperanza para el pueblo de Francia y la paz absoluta de D’Artagnan y sus tres mosqueteros.

¿Por qué sacar esta película de El Bául?

Hay que decirlo, la película es una telenovela de casi dos horas, pero mejor escrita y actuada. Tiene un sin fin de embrollos familiares y románticos que a pesar de ser algo cursis, logran atrapar la atención de uno. Llama la atención que Randall Wallace se haya animado a dirigir a tremendo elenco, quizá porque el mismo tiene un gusto particular por las historias épicas. En su ópera prima se trajo actores enormes: Malkovich, Irons, Depardieu, Byrne, un muy joven Peter Sarsgaard (genial actor el que es ahora) y Leonardo DiCaprio, quien me había olvidado que aquí ya tenía un antecedente como villano antes de Django Unchained. El reto para el joven actor en ese entonces, fue interpretar un doble rol, el rey egoísta, tirano y narcisista contra el hombre que usó la máscara de hierro y es todo lo contrario: tímido, inseguro, pero destacando más su nobleza y amabilidad. “Tienes el corazón de un rey”,  le dice Athos en cierto momento de la película.

Lo estupendo en la actuación de DiCaprio es que la dualidad de su personaje se diferencia en sus ojos, no tanto en su tono de voz o lenguaje corporal. La mirada lo dice todo: compasión, odio, nobleza, despecho. Con todo lo anterior, podría estar seguro que lo mejor de la película es su gran reparto, y especialmente en cierta escena con la que quiero despedir esta columna. En el tercer acto de la película, D’Artagnan y compañía se ven acorralados, una muerte segura es inminente, pero haciendo honor a esa valentía y osadía que siempre los caracterizó, se enfrentan solos a un pequeño pelotón de soldados comandados por el mismo Luis XIV. La música y la manera de filmar esta escena, sumando lo épico en las actuaciones de Malkovich, Irons, Depardieu y Byrne, hacen que la definición de valentía y honor tengan un nuevo significado. Es justo aquí, justo en este momento, cuando las cuatro leyendas se vuelven uno para todos… y todos para uno.