‘Libertad’, una gran batalla perdida


Emmanuel Báez Mayo 13, 2012 1 Lectura de 5 minutes

Como cualquier otro país, el Paraguay tiene incontables historias esperando ser contadas una y otra vez. Desde la misma fundación de Asunción hasta nuestros días, la tierra no está exenta de eventos que merecen ser fuentes de inspiración en hojas de papel, o ¿por qué no?, telefilmes o películas que adapten con un mínimo de respeto aquellos relatos que hasta ahora solo seguían quedándose entre las cuatro paredes de las aulas de clase. Mientras las artes audiovisuales en nuestro país siguen en una dilatada infancia, lo primero sigue siendo lo más probable, mientras que para lo segundo, nos toca seguir esperando.

El director paraguayo Gustavo Delgado eligió para continuar con su filmografía tras la penosa El Reflejo (2008), la historia inmediata detrás de los eventos que llevaron a la Independencia del Paraguay. Me encontré fascinado con la idea de ver esa historia hecha película, no por un sentido inútil de patriotismo, sino por como dije antes, porque hay historias que son dignas de la pantalla grande, y que pueden llegar a ser aún más interesantes si son trasladadas a la misma con cuidado y respeto. Desafortunadamente, Libertad -que ya llega con el subtítulo de telefilme «La Lucha por la Independencia»- carece de cualquier sentido cinematográfico que haga valer su adaptación, y los pocos puntos a favor con los que llega.

A pesar de un notable esfuerzo en producción, -algo que queda claro tras reiteradas tomas de locación que solo sirven para demostrar este logro- la historia que nos presenta el director carece de toda fuerza dramática, mayormente por una gran incomprensión de los mismos actos que está intentando construir mientras avanza. Hay una redundancia de recursos que se vuelven rápidamente insoportables y dejan por el suelo cualquier intento de provocar tensión o generar empatía. No hay razón por la cual deba interesarnos el destino de ninguno de estos personajes, sin importar que ya sepamos el desenlace de los eventos, porque no hay ninguna sensación de peligro. Solo funcionan levemente los diálogos de telenovela y las repetitivas bromas que en teoría deben aliviar la incertidumbre que nunca provocaron las escenas que las anteceden.

En el 2005 se estrenaba en Argentina una genial mini-serie documental llamada Algo Habrán Hecho por la Historia Argentina, que relataba todos los mayores eventos que construyeron el vecino país tal como lo conocemos. Libertad hubiese funcionado perfectamente si tomaban este trabajo y lo concentraban de la misma manera, en algunos eventos episódicos que fueran realmente didácticos, y no se quedaran a medio camino entre un drama inverosímil y una comedia involuntaria. La producción, si bien es superior a una gran cantidad de trabajos que se realizaron hasta ahora, sigue siendo algo destinado a la pantalla chica. Aún a pesar de su acertada imitación, hay un valor de producción que no pasa de lo superficial. Es imposible dejar de ser consciente de que se trata de una película y meterse en la historia, porque nunca se desarrolla una lo suficientemente atrayente.

Más allá de lo técnico, poco o nada queda para ser rescatado. Las actuaciones pasan de lo acartonado a lo forzado por culpa de los acentos -que siguen siendo un gran misterio para mí- que son conquistados por pocos momentos, y el resto del tiempo hacen que todo parezca una parodia. En toda ficción histórica suelen haber licencias tomadas con el propósito de realizar obras más entretenidas, sin que apeligre la historia central que suele ser contada. Los actores se hubieran salvado si no intentaban lidiar con un guión que presentaba a sus personajes con un incomprensible acento neutro, que parece realizado más con el propósito de crear una producción con salida internacional que por ser históricamente correcto. Es difícil encontrar creíbles a estas personas si ni logran dominar las personalidades que deben interpretar, más aún si deben hacerlo con un acento ajeno.

La dirección de Gustavo Delgado se encarga de arruinar el resto, repitiendo recursos durante toda la película resaltando aún más su calidad de película para TV. Los momentos en los que hay cierta inspiración en su control de la cámara, vemos encuadres de fórmula, calcados de escenas casi exactamente iguales en decenas de películas existentes, que sin embargo casi funcionan en generar ciertas emociones. Casi podría decirse que se trataba de alguien más al mando de la situación y no de un director ampliamente superado por su propia ambición de crear algo épico, finalmente realizando algo predecible e insustancial.

No tengo deseos de seguir explayándome, por ejemplo, hablando de la banda sonora, que falla en su propia función y solo pone en evidencia una gran desconexión entre el director y la musicalización, o al menos, una obvia falta de entendimiento de lo que diferencia la composición de una banda sonora para telenovela de una para cine.

Libertad es una batalla perdida, ya que falla miserablemente en capturar cualquier sentido de heroísmo que semejante historia podría haber provocado, independientemente de que la historia real haya sido o no lo suficientemente interesante como para ser convertida en película. Con un guión más trabajado y una apreciación más madura de lo que hace del cine algo memorable, el resultado podría haber sido diferente, pero tras el visionado, lo único certero es que las clases de Historia en el colegio se volvieron repentinamente menos aburridas de lo que recordaba.