‘Mad Max 2: Road Warrior’, violento regreso a la distopía australiana


Emmanuel Báez Agosto 3, 2011 0 Lectura de 3 minutes

mad max 2

La primera Mad Max ha sufrido bastante con el paso del tiempo, e innegablemente no ha envejecido bien. Siendo casi el debut de varios artistas, como el director George Miller y Mel Gibson, ya perdió esa calidad que definitivamente habrá funcionado bien en la época en la que fue estrenada. Mad Max 2, sin embargo, es a primera vista una significante mejora: personajes más diversos e interesantes, una historia mejor desarrollada, villanos más creíbles, secuencias de acción realmente admirables, y un Mel Gibson evolucionado.

Seguimos estando en este mundo post-apocalíptico, más específicamente en una Australia devastada por una guerra de la cual nos enteramos con una interesante narración inicial, en la cual también aprendemos que todo está de cabeza por culpa del petróleo. Esto será un factor durante el desarrollo de la película, ya que Max se encontrará en el medio de una batalla entre una pequeña comunidad con una refinería y una violenta banda de motociclistas.

Al principio veremos a Max vagar en soledad, junto a un perro que lo mantendrá con los pies en la tierra. Al igual que en la primera película, donde la familia de Max era la que lo mantenía fuera de la locura que supone vivir en semejante distopía, el perro es su lazo con la cordura, tanto que el propio Max no duda en sacrificarse para que su perro sobreviva. Es una representación genial de cómo el personaje ha mantenido oculta su ira, luego de haber perdido a su esposa e hijo, y una vez que el perro muera a manos de los pandilleros, todo el infierno se desata.

Road Warrior tiene un mejor elenco, aunque Mel Gibson sigue estando rodeado de algunos secundarios insufribles, algunos de los cuales aún así logran interpretar a personajes interesantes, de entre los cuales innegablemente resalta el niño que no habla, pero que es protagonista de una de las muertes más sorprendentes de esta secuela. El ritmo también juega a su favor, con una duración igual al de la primera película, esta se disfruta mucho más por tener persecuciones mucho más elaboradas y diálogos aceptables.

La última secuencia de la carretera es simplemente brutal, y me atrevo a decir que ha sido pocas veces superada. Es claro que el éxito de la primera película les sirvió para trabajar mejor en ésta, además del presupuesto aumentado que les habrá servido para los vistosos accidentes, que son la cereza de toda la obra.