‘Academia de Vampiros’, entretenimiento anticínicos en era post-Crepúsculo


Emmanuel Báez Mayo 11, 2014 0 Lectura de 6 minutes

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No puedo imaginar un mundo donde alguien califique de basura una película como esta por culpa de haberla visto con seriedad. Si por alguna razón no captan la intención durante los primeros diez minutos, digamos que quizás haya un serio problema de intención por parte del espectador. Vampire Academy es exactamente lo que pretende ser: una mezcla absurda entre Mean Girls y cualquier película de vampiros adolescentes que hayan visto en los últimos años, sin pulir, con problemas de ritmo, pero con un goce de autoparodia que puede resultar bastante entretenido si dejan el cinismo de lado.

El director Mark Waters repite con la misma fórmula de Mean Girls, pero es evidente que lo que tiene entre manos es mucho más extendido y saturado, por lo que la historia se hace bastante cargada para durar menos de dos horas. Es fácil predecir el desarrollo cuando la protagonista explica absolutamente todo en narración durante los primeros treinta minutos, pero es inútil criticar cuando el director se toma todo lo que sigue en broma, hasta los sucesos más desafortunados con los que cargan los personajes principales y los que condicionan su vida y su actuar.

De hecho, mientras avanzaba la película, no podía evitar pensar en que la premisa podría funcionar en formato serial, con tantos shows que intentan tomarse el mito vampírico con extrema seriedad, y hasta con erotismo, ¿por qué no una que se lo tome con una soltura juvenil? Probablemente no termine viendo tal show, pero quizás caería muchísimo mejor que una adaptación que comprime unas 330 páginas en tan poco tiempo, pero que por los problemas que eso le ocasiona, se siente más largo aún.

Eso es lo que juega en contra de Vampire Academy, que sigue a Rose Hathaway mientras intenta proteger a su mejor amiga, una princesa, de una fuerza brutal que están procurando descubrir antes de que sea demasiado tarde. A eso hay que sumarle el hecho de que ambas asisten a una institución exclusiva para razas vampíricas, comparten una conexión psíquica particular, habilidades extraordinarias para manejar los elementos, y otros poderes sobrehumanos sobre los cuales alardean como adolescentes. Pero entre tantas burlas y situaciones peculiares que tienen que ver con hormonas, enamoramientos y cuestiones estudiantiles, está el suspenso de saber quién está detrás de ellas.

Suspenso es una forma de decir, porque realmente no hay tiempo para tal cosa, ya que cuando algo misterioso o peligroso ocurre, rápidamente es opacado por lo que sea que suceda a continuación, que por lo general tiene que ver con chicos, entrenamientos, espiar a otras compañeras, y más chicos. Si fuera cualquier otra película, probablemente eso sería un gran problema, pero la verdad es que sería ridículo pretender que una historia con dichos elementos da para más. Waters aplica su mejor onda de Mean Girls y el resultado es una historia que es entretenida con la mirada correcta. Por supuesto, no está la sátira de aquella genial película que resultó ser tan brillante que nos hizo creer que Lindsay Lohan podría seguir adelante, pero en su lugar está la evidente mueca de burla que se disfraza de imitación por momentos, pero que no se engaña jamás y consigue lo que quiere, que uno se ría del punto al cual han llegado los vampiros en el cine.

En una escena, un personaje se burla de otro por “escribir fan-fiction de Crepúsculo”, pero minutos después una de las protagonistas se enamora de un extraño alumno que tiene el mismo aspecto de Edward Cullen, por lo que uno podría asumir que es su ídolo número uno. Cosas como estas hacen que la propuesta no se desvanezca en el olvido, porque realmente el género ha llegado a un punto en el que es justo y necesario una crítica o una parodia disfrazada, y no hablo de las películas del dúo Friedberg-Seltzer (directores de Vampires Suck y otras pseudo-parodias), sino de algo ligeramente más sutil y que cuente con personajes como mínimo, agradables.

Es el segundo ingrediente acertado de la película. Hay personajes que son simpáticos, si bien de una forma ridícula, pero simpáticos al fin y al cabo. La pareja principal está interpretada por Zoey DeutchDanila Kozlovsky, dos actores prácticamente desconocidos, y de entre todas las parejas de las películas juveniles de ciencia ficción distópica (porque hay que admitirlo, casi todas se enfocan en una relación juvenil irrelevante a la historia, solo para atraer más público superficial, incluyendo The Hunger Games) los dos se llevan bastante bien en pantalla, y tienen una química creíble, a pesar de la notable diferencia de edad. Deutch tiene un aire de Ellen Page y Cobie Smulders que me llamó mucho la atención, y creo que habría que seguirle la pista en los siguientes años.

Sería muy fácil descartar esta película por su propuesta en una era post-Crepúsculo, pero por esa misma razón creo que habría que darle una oportunidad. Esa saga realmente hizo daño a la forma en que muchos ven el cine, especialmente el género de vampiros, sea cual sea el estilo o el género que lo acompañe. Volvió cínicos a unos y snobs a otros, por lo que es comprensible que Vampire Academy haya pasado totalmente desapercibida. Aún si hubiera estado pulida y se hubieran sacrificado elementos de la novela original con tal de conseguir un ritmo estable, realmente no habría conseguido conquistar de más, porque hay un prejuicio que se solidificó injustamente con respecto a la forma en que presentan este tipo de premisas. Pero se debe aprender a dejarse llevar de vez en cuando, o no somos dignos de recibir mejores películas.