‘Assassin’s Creed’, entretenimiento pasajero


Emmanuel Báez Enero 16, 2017 0 Lectura de 4 minutes

Las adaptaciones de videojuegos tendrán que seguir esperando a que llegue ese título insignia que cambie el paradigma y haga ver a Hollywood el buen mercado que les espera sigue tratan al material original con respeto y dedicación. Con eso no digo que Assassin’s Creed sea una mala película. De hecho, es una de las mejores en lo que respecta al género, y sin conocer absolutamente nada de los videojuegos, puedo decir que me entretuve bastante disfrutando de este espectáculo puramente palomitero durante dos horas, aunque muchas cosas se podrían haber arreglado. Entre esta y la película de WarCraft, creo que vamos por buen camino a tener una película basada en algún videojuego que realmente marque un antes y un después en la industria.

Mientras tanto, tenemos a Michael Fassbender interpretando a Callum Lynch, un hombre aparentemente ordinario condenado a muerte por asesinato. Luego de su ejecución, se despierta en una instalación secreta ubicada en algún lugar de Madrid, España, y allí es informado acerca del legado que le espera: él es el descendiente directo de un miembro del Credo de los Asesinos que vivió durante la Inquisición Española unos 500 años antes, y juró proteger a la humanidad de una organización religiosa que buscaba un mítico dispositivo que le hubiese permitido controlar el libre albedrío del hombre. Este McGuffin es la pieza fundamental de una persecución imparable que se desata en el presente reviviendo el pasado de Lynch.

A través de una poderosa máquina denominada Animus, Callum revive las peleas de su antepasado con el objetivo de conocer la última locación de la Manzana del Edén, y con el proyecto bajo la supervisión de Sofia (Marion Cotillard), todo parece tener sentido para un hombre cuyo destino parecía más nefasto. La película entonces ofrece un enérgico salto en el tiempo donde vemos a Aguilar (Fassbender) y sus compañeros, luchando contra sus enemigos en secuencias de pelea bien coreografiadas y una serie de acrobacias de parkour que hacen que las persecuciones sean frenéticas y divertidas de seguir. Con una banda sonora rimbombante y un suspenso que se exagera a veces, la obra se mantiene siempre en el nivel superficial del entretenimiento, sin ir más allá de eso.

El problema está en que el McGuffin se vuelve insoportable después de un rato ya que es el centro de toda conversación, cuando podrían haber aprovechado para profundizar más en la vida de Lynch, y sus motivaciones reales para dejarse llevar en este emprendimiento que le salió de la nada, de forma inesperada e insólita, destapando situaciones de su pasado que lo atormentaron durante mucho tiempo. En vez de eso, el guion se enfoca más en diálogos fáciles y saltar de un setpiece al otro. Las secuencias de acción parkour y combates son siempre memorables, pero se vuelven repetitivas, y para el final de la película, creo que ya se percataron de eso mismo puesto que la película tiene un tremendo descenso en energía que se resiente durante la última media hora.

La intención evidente de armar una película con miras a una secuela termina dañando el impacto del mismo, aunque durante el trayecto se avanza con fluidez y pura acción desenfrenada bien firmada por Justin Kurzel, que dirige competentemente una película destinada al entretenimiento efímero. Hay buenos aportes secundarios por parte de Jeremy Irons y Ariane Labed que hace de compañera de Aguilar, destacando entre todos con una gran presencia. Con una historia autoconclusiva hubieran tenido un producto más interesante entre manos, pero esa ambición taquillera solo les deja con algo que podría haber sido mucho mejor.