‘Bajo la Misma Estrella’, celebrar el amor y aprovechar el día


Emmanuel Báez Junio 29, 2014 0 Lectura de 6 minutes

the fault in our stars reseña dest

Esta es una película que empieza con un sencillo pero sincero monólogo acerca de cómo tenemos la opción de contar historias tristes en este mundo. Por un lado, la pueden edulcorar, y todas las soluciones siempre están al alcance de un “te amo”, una canción romántica, un gesto cariñoso, y un final feliz es algo posible. Por eso muchos van al cine, para escapar, y experimentar una historia que los aleja de sus vidas por un buen rato, y eso no tiene nada de malo. Pero cuando el cine funciona como un espejo de la realidad, y adopta una postura respetuosa digna de laureles, por lo general, es cuando se torna mucho más memorable.

Bajo la Misma Estrella no es una historia imposible. Gracias a internet, conocemos relatos de amor increíbles todos los días, que nos inspiran, nos abren los ojos, y nos hacen pensar que quizás el mundo no está condenado a pesar de todo; mayormente, a pesar del cinismo que se instala en la edad, y nos hace creer que películas como estas son para adolescentes que fantasean día y noche con romances absurdos que solo existen en las páginas de una novela. Claro está que se trata de una chica que conoce a un chico, se enamoran, y los sentimientos florecen a pesar de los obstáculos, pero hay pocos obstáculos más difíciles que el cáncer, así que es innegable que la atención está ganada desde el principio.

Suelo quejarme de que las películas con personajes que padecen de cáncer tratan el tema con cierta superficialidad, tomándolo como excusa para hacer llorar, en vez de indagar y analizar las distintas aristas que supone enfrentar una dura enfermedad. No es que sea algo empíricamente malo, me gusta ver una historia simplemente lacrimógena que me recuerde que tan humano puedo ser, pero así también me siento con el derecho de exigir algo más cuando es posible, por lo que fue bastante gratificante confirmar que Bajo la Misma Estrella es una película que resalta con respeto y consideración, y en ningún momento me sentí enajenado por la forma en que cuentan esta historia idílica que desafía las convenciones del género.

La trama gira en torno a Hazel Lancaster (Shailene Woodley), una chica de 16 años que viene viviendo con cáncer de tiroides en fase IV desde hace varios años. Por supuesto, “vivir” es un término cuyo concepto no es algo concreto en casos como estos, donde hablar de tratamientos y medicamentos y efectos secundarios puede ser tan extenuante como la propia enfermedad. Hazel se encuentra en una consulta con su madre, quien asegura que ella está pasando por una etapa de depresión. Ella reflexiona que la depresión no es un efecto secundario del cáncer, sino un efecto secundario de estar muriéndose.

A pesar del panorama fatalista, la película se mantiene relativamente esperanzadora la mayor parte del tiempo, inclusive en momentos que no tienen que ver con la relación entre Hazel y Augustus (Ansel Elgort), a quien conoce en una de las reuniones a las que acude para complacer a su mamá. Toda la historia está narrada desde el punto de vista desde Hazel, pero uno de los tantos puntos a favor que tiene es que no resalta la visión femenina, sino una simplemente humana, ansiosa por más vida, más contacto, más aventuras. Esto es posible gracias a la maravillosa interpretación de Woodley, que rápidamente se consagra como una de las más brillantes de su generación, destilando una belleza natural y una sencillez que hace que sea bastante agradable disfrutarla en cada plano.

Otro punto es el guion firmado por Scott Neustadter y Michael Weber, que vienen colaborando desde 500 Days of Summer, inyectando sencillez y franqueza a sus personajes para que sus historias se sientan realmente verosímiles. Así es que, a pesar de la adolescencia de los personajes de Hazel y Augustus, uno termina apostando por ellos, aunque el desarrollo no deja de sugerir ese final que últimamente apuntará al corazón y lo hará desbordar. Todos sus intercambios son tiernos, joviales, pero van trazando ese camino que delimita el optimismo y lo encauza hacia un solo desenlace probable. En ese sentido, la película puede ser predecible, pero el hecho es que el camino es uno muy sustancial, lleno de actitud y con un gesto indiferente al pesimismo.

Solo tengo dos quejas sinceras con respecto a esta maravillosa película, y son dos que importan porque el desarrollo va anticipando estos momentos como eventos realmente memorables. El primero es el encuentro de Hazel con el autor de una novela que ella adora apasionadamente, y que solo logra conocer gracias a la intervención de Augustus. Entiendo que el punto de la presencia de Willen Dafoe como el autor sea para establecer los límites reales de la historia, y poner a los personajes en la tierra a pesar de sus necesidades intrínsecas de una fantasía que los aleje del sufrimiento, pero al final es algo incómodo y decepcionante, que podría haber sido manejado de una forma más sutil.

Lo segundo, y más importante, es un momento tierno que los dos personajes comparten tras muchas idas y venidas donde la relación no está consolidada. Cuando finalmente se da el beso entre los dos, sucede en medio del ático de Ana Frank, y es sencillamente inapropiado. Y el director Josh Boone lo sabe perfectamente, y por eso se asegura de que haya judíos bien encuadrados aplaudiendo y aprobando la situación. No funciona, y es penoso, porque con todo lo que ya pasaron los protagonistas, merecían que su momento de amor fuera justo.

Todo lo demás, es un hermosísimo relato que se mantiene fiel a su mensaje de celebrar la juventud, el amor, aprovechar el día, y mantener la actitud positiva ante las peores vicisitudes. Es algo fresco, para variar, teniendo en cuenta lo simples que son las películas románticas estos últimos años, con fórmulas que se repiten hasta el cansancio, sin mucho interés en desarrollar algo que verdaderamente pueda ser recordado más allá de sus instantes de romanticismo. Su tesis es muy respetuosa, el ángulo de los sobrevivientes de cáncer da peso a la relación, y aunque llega al melodrama en las situaciones más delicadas, igualmente se mantiene a una distancia prudente como para que el espectador pueda reflexionar sin sentirse invadido. Probablemente sucumbirán un poco, pero es seguro decir que vale la pena.