‘Birdman’, o el asombroso virtuosismo cinematográfico


Emmanuel Báez Enero 27, 2015 0 Lectura de 4 minutes

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Hablar de la belleza de Birdman es hablar de la belleza del cine mismo, y no es solamente porque sea una película consciente de sí misma, sino porque es maravillosa en todo sentido. En una reciente entrevista, el director Alejandro González Iñárritu dijo que ahora está desarrollando una adicción a hacer cosas que pueden fracasar miserablemente o sorprendernos. Sin duda alguna, Birdman es una sorpresa histórica, y si sigue experimentando de esta manera, su nombre seguirá subiendo escalones.

La trama sigue a un actor oxidado, que alguna vez fue una estrella gracias al enorme éxito de unas películas de superhéroe donde interpretaba a un personaje conocido como Birdman. El mismo se encuentra buscando el resurgir de su carrera realizando una obra de teatro en Broadway, mientras lidia con problemas personales, familiares, y laborales como nunca.

Es difícil no deleitarse con todo lo que sucede en Birdman, un proyecto que puede catalogarse como pretencioso, pero prefiero decir que su ambición consigue estar a la altura del resultado, y la intención general del realizador mexicano llega a su meta en cada plano secuencia enmarcado en un montaje que engloba fantásticamente lo mejor del cine. Es magia pura, esa mezcla exquisita de una banda sonora rica en percusiones, la danza hipnotizante de la cámara, los primeros planos íntimos y los planos generales que asombran. Es verdaderamente algo único.

Claro que pueden ver atentamente y encontrarán los puntos donde probablemente haya cortes, pero eso sería sabotear innecesariamente algo que es especial. Creo que uno realmente tendría que estar empecinado en buscar algo fuera de lugar como para no disfrutar el tour de force que es la caracterización de Michael Keaton, que no solamente se entrega a un papel bien escrito, sino que juega consigo mismo en un guion que tiene evidentes referencias a su propia carrera, que no fue a muchos lados luego de Batman Returns.

El resto del elenco es igualmente magistral, desde Emma Stone hasta Edward Norton, que interpreta a un actor exitoso que se une a la obra y comienza a antagonizar con todos, especialmente con el personaje de Keaton, que descubre que realmente necesita de esa energía para conseguir que la obra sea un éxito. Así también la maravillosa Naomi Watts, y hasta Zach Galifianakis está genial, y estoy gratamente sorprendido porque tenía serios prejuicios contra su persona tras las películas de The Hangover.

No hay tanto tesoro escondido en la obra. Es básicamente acerca de una lucha de egos, un descubrimiento propio, y una exploración de una industria que es realmente una máquina devoradora de artistas, así como una sátira del mismo, y una discusión relevante de arte contra fama. Con algunos detalles sutiles (y otros, no tanto), el guion va anticipando un desenlace fácilmente descifrable, pero muy emocionante, mientras el ojo se pasea entre extensos pasillos y regala guiños cinéfilos mientras seduce con un poco de jazz.

Estoy personalmente entusiasmado con la visión que tiene González Iñárritu de los críticos, una relación que para los artistas es siempre amor y odio. Hace cuestionamientos agresivos sobre la naturaleza de la crítica, pero acepta que se trata de un poder innegable a la hora de levantar carreras y ayudar a subir escalones. Lindsay Duncan, aunque tiene poca presencia en la historia, es bastante admirable como la crítica de teatro que tiene la intención de destruir la obra de Riggan Thompson, aunque al final sucumbe ante una destreza inesperada, descubriéndose así que el subtítulo de la película es en realidad el título de la crítica que publica al día siguiente de la presentación final.

Pero claro que no es lo más importante de esta joya del director mexicano, que para tener una filmografía compuesta mayormente por historias deprimentes y que se enfocan mucho en el pesimismo del ser humano, parece divertirse con una producción que ofrece mucho realismo mágico para contar una historia sencilla de redención y segundas oportunidades. Birdman es una película más digna del título “El Caballero de la Noche Asciende”, es virtuosismo puro, provocadora, compleja, pero enormemente satisfactoria.