‘Cómo Entrenar a tu Dragón 2’, magnífica mitología expandida


Emmanuel Báez Junio 22, 2014 0 Lectura de 5 minutes

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Cuando vi la primera Cómo Entrenar a tu Dragón, la llamé “la épica de dragones más espectacular del cine”, y es una declaración que mantengo con firmeza, aunque su secuela está a poquísimos aspectos de superarla, y en mucho momentos intensos se convierte en una verdadera obra maestra del cine de animación. En esta continuación, cambiaron intimidad por mitología, y el resultado es asombroso en tantos niveles que se hace difícil ser específico sin arruinar secuencias enteras que ameritan una observación detallada.

Cómo Entrenar a tu Dragón 2 arranca unos cinco años después, y el héroe nos recuerda que estamos en Berk, donde los dragones solían ser un enemigo mortal, pero que tras su hazaña con Chimuelo, la situación cambió para siempre. Poco sabía él que la situación estaba a punto de cambiar mucho más, y no exactamente de una forma que podría ser buena para todos. Hipo se encuentra rechazando el legado de su padre, que intenta entrenarlo para ser el nuevo jefe de la aldea, pero él solo desea seguir explorando territorios desconocidos, y quizás encontrar nuevos dragones aún no estudiados.

Luego de una simpática carrera de dragones -el nuevo deporte de la aldea-, nos reencontramos con Hipo (Jay Baruchel) y Astrid (America Ferrara), y la primera muestra de la madurez de estos personajes a través de una narración centrada en el crecimiento de sus protagonistas. Es hermoso ver las expresiones faciales de Hipo mientras conversa con Astrid, así como sus ademanes que resaltan una personalidad bien marcada, más aún teniendo en cuenta su fisonomía, con la cual es fascinante imaginarse cómo creció desde su anterior aventura hasta el principio de esta.

Hay un poco de humor gastado en la película, ya que uno pensaría que tras los eventos de la primera, su padre habría aprendido a escucharlo, pero la comunicación entre ambos no parece haber mejorado lo suficiente como para que Hipo pueda ir al grano y se puedan saltar momentos incómodos que solo dilatan conflictos inevitables. Sin embargo, entre la animación que evolucionó notablemente, el casting de voz igualmente acertado, y la gran decisión de situar los eventos de esta secuela unos cinco años más tarde, uno se deja llevar por lo maravillosa que inicia la historia, y cómo mantiene el ritmo a lo largo de su desarrollo, con sorpresas muy emotivas.

Si bien la primera entrega se trataba más que nada acerca de la amistad entre un chico y su dragón, siendo este el conflicto central entre Hipo y su padre, esta vez hay subtramas destinadas a expandir la mitología de los dragones, que de por sí ya era fantástica. De esta manera la narración se dispersa un poco, pero en cada esquina hay un nuevo aspecto que hace que la dirección de Dean DeBlois sea digna de admirar, desde secuencias aéreas alucinantes, hasta simples gags más apuntados al público infantil, pero igualmente eficaces. Sigue siendo una película de Dreamworks Animation, pero se nota que aprovecharon una mayor libertad para ofrecer algo un poco más adulto.

La historia se complica esta vuelta cuando descubren que hay un supuesto domador de dragones buscando armar un ejército con estas criaturas, y aparentemente es bastante hábil dominándolos hasta convertirlos en verdaderas bestias. Hipo entonces conoce a una experta que le muestra secretos de dragones que él no conocía, no sin antes revelarle que es ella es su madre, y que lo abandonó cuando era un bebé por razones que pronto serán discutidas. Su aparición lleva a una de las secuencias más hermosas de la película, en el que ambos planean entre dragones, con la memorable banda sonora de John Powell de fondo acompañando la épica con gran sentimiento.

Todas las escenas entre Valka (con la gran voz de Cate Blanchet), Estoico (Gerard Butler) e Hipo son un verdadero deleite, como parte de un gran relato familiar de reconciliación que podría extenderse por más tiempo y uno quedaría embelesado. De hecho, DeBlois la extiende y juega con ellos para que su reencuentro sea mucho más sentido, y entre un pequeño número musical y las actuaciones de voz comprometidas, el realismo se manifiesta hasta convertirse en verdadero drama, con el que es imposible no invertir más emociones. El único lado negativo de esta gran segunda parte es su villano poco desarrollado, algo que resulta evidente entre personajes tan bien escritos como Hipo y Estoico. Intentan darle cierto peso a sus acciones con algo de flashback, pero nada quita que sea un arquetipo sin personalidad.

De cualquier manera, cada pequeña falta (y son poquísimas) queda rápidamente subsanada por un montón de elementos que hacen que la obra sobresalga más allá de sus propias intenciones. Magnífico el diseño de la gran variedad de dragones, y una mitología enriquecida con información bien pensada que da pie a que se continúen contando historias en este universo. Hay mucho sentimiento puesto en Cómo Entrenar a tu Dragón 2, y así también hay inteligencia e ingenio en cuanto a su desarrollo, que evita convenciones y apuesta a un público más dispuesto a algo moderadamente fuera de la norma. No es menos gratificante el hecho de que es una película que prueba que las secuelas pueden ser una gran experiencia.