‘El Bebé de Bridget Jones’, un regreso más que agradable


Emmanuel Báez Noviembre 22, 2016 0 Lectura de 4 minutes

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De todas las películas que hubiese pensado que podrían haber sorprendido con una tercera parte, nunca me hubiese imaginado que Bridget Jones sería una de ellas. La primera aparición en el cine de esta encantadora solterona fue algo peculiar y fresco para la comedia romántica, aunque la continuación fue un refrito particularmente monótono. Dos películas con resultados muy diferentes no sugerían una continuación, y así pasaron los años, quedando solo el recuerdo de la primera entrega, que se convirtió con el paso del tiempo en una de las más adorables del género.

Sin embargo, estamos en tiempos en que el “regreso” y las “secuelas tardías” son dos de las tendencias más activas, así que tenemos El Bebé de Bridget Jones, con una Renée Zellweger que tuvo su propia gran reaparición mediática, además de Colin Firth, cuya elegancia no parece haber sido afectada por los años, sino todo lo contrario. Con la adición del galán Patrick Dempsey, tenemos una de las mejores terceras partes que el cine vio en mucho tiempo, algo inusual si nos fijamos en lo que dice la historia acerca de las trilogías, especialmente considerando que hablamos de una comedia romántica.

La ausencia de Hugh Grant está justificada, y realmente fue una buena decisión que no lo hayan traído de vuelta, ya que eso hubiera sido nuevamente más de lo mismo.

Bridget Jones reaparece actualizada, pero con el espíritu intacto. Es el mismo personaje de siempre, manteniendo su simpática personalidad y sus costumbres que suelen provocarle más dolores de cabeza que momentos de alegría, aunque enfocándose en lo positivo, consigue encontrar de alguna u otra forma un rayo de esperanza ante cualquier dilema. Claro que el problema en esta ocasión es algo que realmente no esperaba, y con un bebé en camino, la vida se pone mucho más delicada que unos simples malentendidos como asistir a una fiesta disfrazada de conejita o correr por las calles de Londres en paños menores.

Para propósitos cómicos, Jones no sabe exactamente quién de los dos pretendientes es el padre, ya que tuvo relaciones con ambos con unos días de diferencia, y no está dispuesta a pasar por una prueba que podría ofrecerle la respuesta definitiva antes del término del embarazo. Así es como nace todo un episodio de hazañas y ocurrencias con un trío que tiene una química más que estupenda, algo que se puede palpar y que resulta más ocurrente con la siempre divertida narración de Jones, que esta vez escribe en su diario digital, a diferencia de la agenda tradicional que la acompañó en sus relatos anteriores.

La película podría haber sido una secuela intrascendente como otras, pero lograron actualizar un personaje entrañable sin arruinar en absoluto su naturaleza. Bridget se enfrenta a los problemas del nuevo siglo con su inquebrantable carisma, y ese contraste hace que el guion se sienta rico y delicado en el trato de un personaje tan único como lo es Jones. Obviamente, es admirable que Zellweger haya mantenido intacta dentro suyo la esencia de Jones, ya que ella es tan agradable y tierna como siempre.

El éxito se debe también a la fórmula creativa detrás de cámaras que funcionó a la perfección con la primera película. Sharon Maguire vuelve a dirigir, colaborando con la novelista Helen Fielding que repite como guionista, además de Dan Mazer, y Emma Thompson, cuya faceta como escritora no suele ser muy comentada, algo insólito teniendo en cuenta que ganó el Oscar por el guion de Sense and Sensibility.

El Bebé de Bridget Jones también ofrece una mirada un poco realista a la maternidad, y la dificultad de atravesar una etapa delicada como el embarazo en medio de cambios bruscos, si bien lo hace desde una perspectiva más cómica y no tan reflexiva. El desenlace puede no satisfacer a todos, ya que el buen balance en el guion se presta a generar diferentes expectativas con respecto a quién es realmente el padre, así que tal vez no todos se sientan contentos cuando finalmente se cierre el telón. De cualquier manera, es una historia lo suficientemente hilarante que cumple con sus propias pretensiones.