‘Ex Machina’, la pregunta fundamental


Emmanuel Báez Mayo 21, 2015 0 Lectura de 4 minutes

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Muchas películas de ciencia ficción acerca de los potenciales riesgos de la Inteligencia Artificial pisan en la pregunta del por qué, pero profundizan más en el cómo, relegando la premisa más relevante a un plano secundario y dando lugar al entretenimiento efímero. Ex Machina, el debut como director de Alex Garland (guionista de 28 Days Later) no es una de esas, ya que considera más importante la pregunta fundamental: ¿por qué construir una inteligencia artificial?

La película sigue a un joven programador que es seleccionado para un programa especial donde formará parte vital de una prueba para establecer la calidad de una inteligencia artificial avanzada, conocido como Test de Turing. Sin embargo, su “premio” se va revelando como algo más complicado, cuando los detalles de la prueba comienzan a afectarle psicológicamente y su empleador se descubre igualmente confuso.

Y con detalles, me refiero al hecho de que la inteligencia artificial tiene forma de Alicia Vikander, una actriz relativamente desconocida que prueba su valía interpretando a Ava, una versión avanzada de I.A. que probará ser más humana de lo que podrían haber anticipado. El joven programador, Caleb, es Domhall Gleeson, actor irlandés que está ascendiendo rápidamente la escalera artística, y el brillante Oscar Isaac interpreta a Nathan, el recluso inventor de Ava.

La trama se centra en la interacción de estos tres personajes, que forman parte de esta fascinante exploración del ser humano y quienes ayudan a intensificar la pregunta fundamental, sin buenos resultados. La película roza el thriller, pero es más un estudio del comportamiento del hombre y un razonamiento acerca de las complejidades del desarrollo de una computadora inteligente. Con eso, está también el inevitable tema del hombre jugando a ser Dios. ¿Deberíamos?

Lo que el guion tiene de predecible, lo compensa con este complicado desarrollo que da lugar a debates, con diálogos interesantes que no se pierden en tecnicismos y rebajan la problemática a términos más comprensibles, que realmente son importantes en el tema principal: conciencia, interacción, sexo. De alguna u otra manera, todo se reduce a esto último, aunque queramos negarlo, aunque el personaje de Caleb quiera evitarlo.

Y en eso tiene mucho que ver la caracterización de Vikander, que demuestra un gran rango de emociones mayormente con microexpresiones bien trabajadas, lo suficiente como para asombrar e intimidar. Ella evoluciona frente a nuestros ojos, y analizarla en detalle se vuelve un deleite, ya que las sutilezas de su desempeño son magníficas.

Las ideas de la ciencia ficción de Ex Machina no son nada novedosas, pero Garland construye un relato contenido en breves escenarios y temáticas poderosas que llegan a ser terroríficas por el grado de probabilidad. La exploración de las posibilidades más nefastas de la creación de inteligencia artificial raramente son así de sobrecogedoras, ya que por lo general no se detienen a hacer mayores análisis.

Es ahí donde triunfa el guion de Garland, que profundiza los temas de la obra con una dirección que crece en tensión, sin apurarse, tomándose el tiempo en construir a sus personajes, al mismo tiempo que la trama se desenvuelve en un misterio con desenlace predecible pero no por eso menos intenso.

Aunque el realizador mismo propone una respuesta a la pregunta fundamental con la conclusión de su historia, lo hace luego de haber recorrido suficientes aristas como para que el tema central quede en el aire abierto a una continua discusión. Garland sabe que se trata de una cuestión muy amplia que por ahora no conoce solución fácil, y su delineamiento ofrece solo una de tantas posibilidades, las cuales él trata con sumo respeto.

Ex Machina es una gran adición al género. La astucia de su guion solo se ve entorpecida levemente por giros que no son nada sorprendentes si uno presta atención, pero hay bastantes elementos como para sentirse atraídos. La fotografía se presta a simbolismos ingeniosos y la banda sonora acentúa la creciente paranoia de Caleb de una forma inquietante. Es seguro decir que Ava pasa la prueba de Nathan, así como Garland pasa la prueba de realizar una obra consciente de su propia inteligencia.