‘Éxodo: Dioses y Reyes’, Ridley Scott falla en emocionar


Emmanuel Báez Diciembre 13, 2014 0 Lectura de 4 minutes

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Es innegable que Ridley Scott sea un habilidoso director. Si uno fuera a ver sus últimas películas silenciando las mismas y dándole play a alguna ópera mientras pasan las imágenes, la experiencia sería fascinante. Sin embargo, eso dice mucho de lo que está haciendo últimamente, y la verdad es que su elección de guiones sigue siendo lamentable hasta el punto en que realmente no parece importarle, y si le importa, es una prueba de que se está oxidando muy rápidamente.

Tras el desastre filosófico de The Counselor y el despilfarro mitológico de Prometheus, esperaba su regreso a forma con una propuesta cercana en género a Gladiator, pero Exodus: Gods and Kings es un despropósito carente de vitalidad, una carroza estirada por efectos especiales que pisotea incansablemente durante tres horas cualquier atisbo de desarrollo de personajes o de historia que valga la pena seguir de cerca. Y digo tres horas, aunque la película dura unos cuarenta minutos menos, porque se la siente así, retardada y agotada.

Christian Bale interpreta a Moisés en este recuento del relato bíblico que comienza en su edad adulta y culmina con el éxodo del pueblo hebreo a través del Mar Rojo, pasando a través de las luchas contra la esclavitud, los derechos de la gente, las Diez Plagas de Egipto, entre otras partes ya vistas anteriormente, como su enfrentamiento contra Ramses y su encuentro con Dios. Como una obra que respeta las bases bíblicas, supongo que los creyentes estarán satisfechos, aunque no hay espacio para discusión relevante porque la película llega a ser tan soporífera que no merece debate alguno.

No es que sea mala, es que es vacía, que es muy distinto. El valor de producción es alucinante, pero demasiado pulcro como para sentirse realista. Scott se asegura de que su cámara abarque todo lo que se pueda, y en varias ocasiones presenta escenarios admirables, pero se olvida por completo de sus protagonistas, que quedan relegados como simples adornos. Es una propuesta repleta de estrellas desaprovechadas como Ben Kingsley, Aaron Paul, John Turturro, e inclusive Sigourney Weaver, que no llega a tener más de veinte líneas.

Tanto Bale, como Joel Edgerton que interpreta a Ramses, apenas se creen sus personajes, con unas caracterizaciones desconectadas de su entorno, y la única evolución que experimentan es el maquillaje que va cambiando de acuerdo a la época y las circunstancias. Ni hace falta aclarar que son enormes actores, cada uno a su estilo, pero pocos pueden salvar un guion tan poco comprometido con la historia y más inclinado hacia el despliegue de efectos especiales. El guion va dando tumbos, a veces, y saltos desanimados, otras veces, y realmente adolece cuando procura inyectar emoción alguna.

O quizás sea que las historias bíblicas ya están llegando al límite, y la única forma de adaptación posible es no tomándolas de forma literal. Aronofsky se tomó libertades con Noah, y aprovechó para volcar en la película todo su arsenal visual, lo cual hizo que destacara a pesar de las fallas. La secuencia del origen del universo está entre lo más memorable del año, y en definitiva se debe a que se trata de una narración novedosa. En cambio, Scott, solo se encarga de trasladar el guion que tiene en manos sin pensarlo demasiado, confiando en su técnica soberbia, pero muy gastada.

Exodus: Gods and Kings se deja ver justamente por eso, porque se ve bien, impoluta, demasiado cuidada, fotográficamente correcta. Todos los monumentos, todas las murallas, todos los pasillos, son dignos de una producción con alto valor, pero no están al servicio de un relato que genere emociones suficientes como para que valgan la pena admirarlas de más. Ni siquiera la representación de las diez plagas resulta sobrecogedora, y la gran odisea a través del mar, que debía haber sido el momento más impresionante, solo queda como una muestra más de lo mucho que avanzó la tecnología en el cine.