‘Fiesta de Navidad en la Oficina’, la comedia fiestera de fin de año


Emmanuel Báez Diciembre 10, 2016 0 Lectura de 4 minutes

Fiesta de Navidad en la Oficina, como muchas otras comedias, está diseñada para un disfrute mayor en una sala de cine rodeada de decenas de personas predispuestas a reírse de forma superficial un buen rato, algo que no tiene absolutamente nada de malo. Se ven aquí gags vistos en otras numerosas comedias, pero las piezas son lo suficientemente frescas y están bien aceitadas como para que el conjunto funcione a la perfección para sus propósitos durante poco más de una hora y media. Este tipo de producciones son inmunes al cinismo, ya que su target es el público que solamente la quiere pasar bien sin profundizar demasiado, y en ese sentido cumple con lo que promete.

Necesitamos tres cosas en este tipo de películas: un elenco bien diverso conformado por actores regulares en el género; una variedad de gags y chistes bien repartidos a lo largo del guion, y una trama coherente que cierre al menos de forma decente como para que luego de todo el humor el espectador quede contento con alguna resolución aparente, sin importar que tenga o no sentido, como es el caso de esta película, donde una de las protagonistas inventa una nueva tecnología de internet inalámbrico que no tiene futuro alguno. Es enormemente estúpido, pero para ese entonces ya nos reímos bastante, así que poco o nada importa.

La trama sigue a Clay (T.J. Miller), el gerente de la sucursal de una compañía y su desesperado intento por conseguir a un cliente millonario que podría ayudarle a que la sucursal no sea cerrada por la presidenta de la compañía, la detestable Carol (Jennifer Aniston). Clay tendrá la ayuda de Josh (Jason Bateman) y el resto de los empleados en la realización de una épica fiesta de oficina donde atraerán a Walter Davis (Courtney Vance), el empresario que podría convertirse en la salvación de la sucursal y todos los empleados que allí trabajan. No hay caso en saber quiénes son los demás personajes, pero sí que están interpretados por Kate McKinnon, Olivia Munn, Jilian Bell, Rob Corddry, Randall Park, y otros que nunca faltan, y por lo general, fallan poco.

Lo que sucede a continuación es estructura típica de comedia fiestera: las cosas se salen de control paulatinamente, hasta el punto aparente de no retorno. Sin embargo, entre el timing cómico, la química entre los actores, las situaciones vulgares y disparatadas, todo está bien trabajado como para que el humor sea bien satisfactorio. También hay una notable sensación de moderación, algo que suele descuidarse bastante en este tipo de películas, cuando los gags empiezan a pasar a la improvisación evidente y la escena sigue y sigue, haciendo que el efecto se pierda rápidamente. Claramente los directores Will Speck y Josh Gordon tuvieron esto en cuenta, ya que cada broma tiene un final bien definido, permitiendo que la película avance al siguiente punto sin sentirse rezagada.

Procuran ponerle un poco de humanidad a los protagonistas, con el trasfondo de Clay, que resulta ser el hijo mimado del dueño original de la compañía, algo que irrita mucho a Carol, y por ello la relación arisca que llevan como hermanos. Personalmente no me interesó en lo absoluto, excepto para ver cómo vuelve a destacar Aniston en un rol amargo antagónico, similar en energía (aunque no en naturaleza) al que tuvo en Horrible Bosses. Quizás haya encontrado su nueva joya interpretando papeles totalmente opuestos al de Rachel Green, y le sale tan natural que ya es sospechoso. También resalta McKinnon como la tensa jefa de Recursos Humanos, aunque es forzada a soportar los chistes de gases intestinales que a esta altura de la historia del cine ya deberían cesar de existir.

En líneas generales, es como suelen decir con este género: es el más subjetivo de todos, pero creo que cuando una propuesta como esta es sincera en sus ambiciones, generalmente suelen estar a la altura de hacer reír un buen rato de forma efímera. También es un genial libro de buenas ideas para fiestas de oficina, aunque aceptando que la mayoría de las ideas presentadas pueden terminar en desastre.