‘Fury’, los últimos agonizantes días de la guerra


Emmanuel Báez Enero 21, 2015 0 Lectura de 4 minutes

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El problema con las películas bélicas es que es bastante fácil predecir la estructura de las mismas. Al menos en las más comerciales, uno ya puede anticipar de qué va la cosa, soldados van a una misión, soldados mueren, algunos sobreviven, y ya sabemos el resultado, así que no es fácil invertir emocionalmente en personajes con destinos ya preestablecidos. Eso no quiere decir que Fury sea una mala película; de hecho, es bastante entretenida y una gran adición al género. Es solo que al final, el impacto queda reducido debido a que todo ya se ha visto anteriormente.

Su novedad yace en que sigue a un grupo de soldados que funcionan como una familia dentro de un tanque denominado Fury durante las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial. Ellos ya vieron suficiente, pero saben cómo es la guerra y saben que, aunque está cerca de acabarse, no pueden darse el lujo de bajar la cabeza y permanecer quietos mucho tiempo, ya que el enemigo aún no se rinde y hasta un solo tanque alemán puede destruirlos, que es exactamente lo que ocurre en una de las secuencias más impactantes de la película, donde un Tiger I despacha cuatro tanques inferiores antes de que el equipo del Fury pueda encontrar un punto débil.

Está la camaradería típica de cualquier título bélico, que es uno de los aspectos más interesantes de la trama, ya que se toman el tiempo de marcar la personalidad de cada tripulante, y eso hace que cada decisión o cada reacción sea sentida, así como cada pérdida, predecible, pero bien desarrollada. Y como muchos otros títulos, la historia se desarrolla desde el punto de vista de un novato, interpretado por Logan Lerman, que apenas tiene unas cuantas semanas en el ejército, y fue entrenado como mecanógrafo, pero debe pasar por todo en el transcurso de unos pocos días.

En ese aspecto, Fury triunfa como una mirada visceral a unos días agonizantes de la Segunda Guerra Mundial, donde las misiones se llevaban a cabo con lo poco que sobraba, y alemanes fanáticos (como los de la SS) eran los únicos que seguían firmes, sorteando la rendición hasta las últimas consecuencias. Esta premisa da lugar a secuencias intimidantes donde la dirección de David Ayer consigue transmitir un peligro inminente bastante sobrecogedor.

Pero mucho recae en los intercambios entre el equipo, liderado por Brad Pitt como un veterano que se mantiene estoico ante sus inferiores, pero solo como una fachada que esconde una melancolía hiriente. Una de las secuencias más memorables involucra a su personaje, junto al de Lerman, intentando pasar un día mundano en un departamento donde se escondían dos mujeres alemanas. Es una hermosa situación, donde se dice poco, pero se cuenta mucho con sutilezas.

De los demás miembros, conformados por Michael Peña, Jon Bernthal, y Shia LaBeouf, todos hacen un buen trabajo, aunque destaca algo más LaBeouf. Quizás sea que haya llevado a su trabajo esas emociones difíciles de contener que lo hicieron un artista tan mediático en los últimos años. Es un estupendo actor, y sería una lástima perderlo tan joven. Definitivamente fue uno de los pocos elementos redimibles de Nymphomaniac.

Fury es una gran adición a la filmografía de David Ayer, que el año pasado estrenó Sabotage y resultó ser un despropósito sorprendente, porque se apuntaba como un thriller llamativo al principio. Su experiencia en el género de acción definitivamente hizo que esta propuesta fuera algo diferente, a pesar de las convenciones del cine de guerra que son difíciles de evitar. Su ojo hace de Pitt un gran líder, además de que le dio un genial sobrenombre. Eso siempre es un plus.