‘Gritos del Monday’, tan mala que da miedo


Emmanuel Báez Abril 2, 2016 0 Lectura de 5 minutes

gritos del monday

Gritos del Monday es una experiencia agonizante que ni siquiera puede llegar a llamarse cine, pero como decidieron estrenarla en las pantallas grandes del país, uno tiene que asumir que los realizadores tienen la idea de que estuvieron trabajando en un producto de cierta calidad cinematográfica y con conocimiento práctico de los estándares más básicos de técnica audiovisual, lo que jamás llega a concretarse. Es una película amateur que no merecería tanta atención si hubiese ido a parar a algún portal online como parte de un ejercicio básico de edición de video, dejando las clases de dirección para después, porque tampoco podríamos hablar de eso si nos guiamos por el resultado final.

La trama de la película –según la prensa, porque la obra carece de tal cosa- sigue a unos alumnos de Ingeniería Ambiental que se adentran en los alrededores de los Saltos del Monday para un trabajo universitario, y allí descubren el cuerpo sin vida de un hombre, lo que desata la presencia de un espíritu maligno que empezará a acechar a uno de ellos en el transcurso de los días. Viviana, la víctima de las posteriores persecuciones, luchará contra ella misma y la fuerza sobrenatural que empieza a atormentarla, mientras sus amigos investigan para descubrir el origen de la maldad que lentamente se está llevando su cordura. Creo que acabo de redactar una sinopsis más interesante de lo que jamás llega a ser la película.

Para ser justos, por momentos hay un aire de empeño. Algunos planos están buenos, algunas ideas parecen transformarse en escenas que podrían llegar a funcionar en manos de alguien más lúcido, pero no pasan de la intención, y en este caso, teniendo en cuenta todo el conjunto, no puedo decir que la intención cuente para algo. A todas luces es una obra realizada por alguien que vio unas cuantas películas de terror por primera vez, y asumió que era uno de los géneros más fáciles de producir, lo que evidentemente fue un error, ya que lo único terrorífico es la experiencia de tener que soportar la película, sus actores novatos, sus efectos cliché, su guion de pacotilla, y la vergüenza ajena que te genera una película que provoca risas de incomodidad.

Realmente no hay cohesión alguna en el desarrollo de la historia, y por eso digo que todo se siente tan amateur, que hasta da pena tener que desarmarla con tanta ligereza. Las escenas no tienen conexión alguna, ni narrativamente ni emocionalmente, solo pasan unas detrás de otras sin ningún interés en algo que pueda asemejarse a una secuencia coherente. La continuidad es pésima, y hasta risible en los momentos más patéticos, como cuando una de las actrices se equivoca en el nombre ficticio de su compañera, y eso es algo que quedó en el corte final de la película. Ahí es cuando uno se percata de que simplemente no tenían el más mínimo interés en realizar algo decente, por lo que no vale la pena pensar demasiado.

Héctor Rodríguez, el director –en realidad, los créditos de la película lo ponen como “director general”, como lo hacen las telenovelas mexicanas-, demuestra una total falta de control sobre su equipo, y cuando digo equipo me refiero tanto al equipo material como el humano. Los planos están constantemente perdiendo foco, y los actores tienen una sola nota facial. La actriz principal, Solange Méndez, tiene un rostro interesante que podría llegar a ser mejor aprovechado por un ojo más avezado, aunque no contaría con verla en alguna otra producción en el futuro cercano. Luego está la más reconocida actriz Clotilde Cabral, siempre impostando como si de una obra de teatro se tratara, y ni mencionar a los demás involucrados en esta desgracia, que parecen robots que recitan sus líneas sin ninguna clase de directriz.

No volví a hablar de la trama porque realmente no hay una que seguir. La protagonista central experimenta sucesos “aterradores” luego de su encuentro con el espíritu de una mujer que se había suicidado, aunque creo que debería estar más asustada por cómo sus padres y amigos desaparecen de una escena a otra, o cómo la prensa, por alguna razón, aparece frente a su casa una noche, preguntando a su padre cómo va el caso de su la posesión de su hija. Es como si el guion de la película sufriera de narcolepsia, y cada vez que despierta, ocurrieron cosas que jamás se contaron. Desearía haber dormido yo el tiempo que dura la obra y no pensar en todo el dinero público que se habrá gastado en esto, aunque ese es el verdadero horror del cual se tendría que hablar para que el cine paraguayo siga un mejor camino.

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