‘Ha Vuelto’, burlarse de Hitler nunca fue tan apropiado


Emmanuel Báez Mayo 19, 2016 0 Lectura de 4 minutes

look whos back

¿Estamos realmente mejor que hace setenta y cinco años en cuestiones básicas humanas? Yo diría que sí, aunque a ratos, parece que la humanidad simplemente cambió un dictador por otro. Ya no tenemos un Adolf Hitler ordenando el asesinato de judíos, pero vaya que por ahí arriba está un Donald Trump que está cerca de convertirse en presidente de uno de los países más poderosos del mundo. Menciono esto porque es parte de la esencia de Ha Vuelto (Er ist wieder da), una sátira política que fue un éxito monumental en Alemania en el 2015, donde parece que recién empiezan a burlarse de Hitler como ya tendrían que haberlo hecho desde hace mucho tiempo.

Esta película, dirigida por David Wnendt, adapta la exitosa novela homónima que pone en el centro de la trama a Adolf Hitler, que despierta en la ubicación exacta de su búnker unos setenta años después de su muerte. Se encuentra con un mundo radicalmente diferente, y lo confunden con un imitador profesional y un actor sumamente comprometido con su personaje, así que le siguen el juego. Su naturaleza lo convierte en una celebridad de la noche a la mañana, y termina apareciendo en televisión, hipnotizando a millones de televidentes que empiezan a caer en sus discursos, que no son tan diferentes a los que ya daba antes de ascender al poder y después de hacerlo.

Así el guion mezcla sátira política con una punzante crítica a la televisión y los medios de prensa en general, además de que tiene sus momentos de simple comedia disparatada, que funciona gran parte del tiempo. El humor no parece ser el punto fuerte de los alemanes, pero esa misma rigidez parece haber servido a favor del guion que se aprovecha mucho de la incredulidad de las situaciones en las que Hitler mete a Sawatzki, un joven que se encuentra buscando un proyecto que lo haga recuperar su trabajo en un importante canal de televisión. Ambos recorren el país entrevistando gente que expresa su descontento por el estado actual del país, muchos de los cuales no escatiman palabras al hablar de sus ideologías discriminatorias, que son música para los oídos de Hitler.

Para enfatizar en su crítica, el director presenta estos momentos como si se tratara de un documental, porque sabe de antemano que tales situaciones son muy probables. Hay una obvia agenda política en la película también, pero eso no hace que su crítica sea menos válida, sino todo lo contrario. Esta mezcla de recursos hace que la película se sienta más larga de lo que es, pero también le da más fuerza a su discurso, aunque no creo que hubiera sido lo mismo si el protagónico principal hubiera caído en hombros de alguien que no haya estado tan interesado en el potencial del material. En ese apartado, Oliver Masucci es fantástico como Hitler, aportando una sutileza de locura evidente necesaria para que la película en todo momento se mantenga en el tono de la sátira.

Si ya no era lo suficientemente extraña, se atreven a parodiar una de las mejores escenas de Downfall, que es una de las más brillantes piezas acerca de la caída de Hitler en la historia de la ficción, aunque eso quizás se deba en gran parte a que internet ya convirtió a esa película en una fuente de incesantes parodias. Es uno de los varios momentos geniales que tiene el guion, que culmina con una nota pesimista que es una gran advertencia para todos acerca de la situación actual de varios países europeos con respecto a la inmigración, aunque su mensaje fácilmente puede aplicarse al resto del mundo.