‘Insurgente’, una secuela condenada por su premisa


Emmanuel Báez Marzo 31, 2015 0 Lectura de 4 minutes

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Realmente esperaba algo diferente de Insurgente, la secuela al éxito moderado de Divergente, una de las tantas sagas que intentan conquistar el cine distópico adolescente sin lograr ir más allá de sus ingenuas premisas. Pero mientras hacía el mejor esfuerzo para tolerar la sonsera de la trama, tenía exactamente la misma sensación de vacío que tuve con la primera película, la cual terminó y se esfumó de mi mente como polvo. Y simplemente con pensar que faltan dos películas -un libro dividido en dos- me hace parar el carro y bajarme del viaje, porque no va a ningún lado.

Seguimos a Beatrice Prior, mientras continúa luchando con sus demonios internos y su sed de venganza a medida que esta sociedad posapocalíptica dividida en facciones se desmorona paulatinamente tras el gran escape que se dio al descubrir que se trataba de una divergente, una especie de individuo que encaja en más de una facción, convirtiéndose en una amenaza para la sociedad.

Si la carrera de Shailene Woodley estuviera en problemas, tendría lástima por ella, pero tengo la esperanza de que su participación en esta saga no afectará su futuro delante de las cámaras, ya que tiene una presencia siempre dócil y agradable, y por lo general es lo mejor de las películas donde aparece, aun cuando estas no están cercas de ser decentes. Tal es el caso de esta secuela, donde se la ve una vez más demostrando su candor, y una energía actoral pura que todavía tiene mucho potencial, a pesar de lo desaprovechado que se siente.

Es una buena actriz, aunque su personaje deja mucho que desear, pero no por ella misma sino por las circunstancias y la dirección de la película, que la tiene atrapada en medio de una trama que intenta notablemente volverse relevante, pero no consigue siquiera llamar la atención. No ayuda para nada un guion realmente infantil que constantemente parece burlarse de la inteligencia de su heroína y del espectador, desafiando la credibilidad en varias ocasiones, con cuestiones tan sencillas como una protagonista que decide cortarse el cabello porque “necesitaba un cambio” y parece luego salida de una cita con el estilista más habilidoso, hasta la misma esquivando al menos unas cien balas en menos de dos minutos.

Todo tiene un límite, pero cuando posteriormente el personaje de Miles Teller explica descaradamente lo que acaba de hacer para ayudar a los protagonistas, a pesar de que fue evidente en todo momento, ya no hay nada que salvar. Solo resta ver a Kate Winslet haciendo su mejor esfuerzo por ser una villana imponente, o a Naomi Watts luciendo un aspecto postpunk apocalíptico, o a Ashley Judd pidiendo socorro, quizás porque no le pagaron lo suficiente como para tener que sufrir de nuevo en esta secuela. Theo James está bien como la contraparte masculina, y hasta casi deseo haber seguido más su propia historia.

El problema está en la base: la idea de una sociedad distópica dividida en facciones elegidas de acuerdo a las habilidades de sus miembros. La alegoría del individuo diferente, que sobresale y que por esa misma razón es especial, cae en lo simplón y lo repetitivo, y es superado por otros títulos que consiguen dibujar mejor una alegoría social. Ni siquiera cuando intenta hacer un reflejo político consigue el guion de Insurgente ponerse sustancial, ya que bebe sin éxito de cientos de películas mucho más memorables. Al final, al menos se disfruta ver la belleza de Woodley, su interpretación que lleva a cuestas una historia poco convincente, y un despliegue de efectos especiales de nivel medio, suficientes para entretener a ratos.