‘Jurassic World’, el amanecer del planeta de los dinosaurios


Emmanuel Báez Junio 12, 2015 0 Lectura de 6 minutes

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Mientras veía cómo se iba desarrollando Jurassic World, no podía dejar de pensar en aquella descabellada idea para una cuarta película que tuvieron hace muchos años, y que fue rechazada por Universal Pictures, la cual contaba con híbridos humanos-dinosaurios mercenarios utilizados para propósitos militares. Llegaron a escribir un borrador de guion, y hasta hicieron algunos bocetos de arte conceptual que sirvieron para que el proyecto fuera definitivamente dejado de lado.

Lo menciono porque al final de esta secuela, creo que ese sería el único camino a seguir, y eso realmente me emociona un poco, porque se van tomando decisiones muy arriesgadas que quizás tengan que ver con el proyecto que fue rechazado años atrás. Y todos caen bien en Hollywood cuando se arriesgan a algo totalmente diferente. Para empezar, ya es loable que se hayan arriesgado a hacer un dino-slasher sangriento, con una criatura que mata por deporte, haciendo que la desesperación de todos sea mucho más inquietante.

En Jurassic World, el sueño de John Hammond se llevó a cabo gracias a la inversión de un multimillonario (Irrfan Khan) interesado mayormente en la idea del parque. Sin embargo, su anhelo resultará en el fin de todo el sueño, cuando comisione un nuevo dinosaurio que terminará siendo incontrolable. La película sigue a dos hermanos (Nick Robinson y Ty Simpkins) que viajan al parque para conocer el lugar y pasar el rato con su tía (Bryce Dallas Howard), que es gerente de operaciones. Ella se encuentra supervisando la nueva “atracción” que está cerca de inaugurarse.

En el mundo de Jurassic World, los eventos de las dos películas anteriores parecen no haber sucedido, o no se justificaría cómo es que realmente consiguieron realizar el parque sin que la mitad de los gobiernos cercanos se pusieran en contra. Esta película quiere a todas luces ser una secuela directa de la primera, a tal punto de que los guiños casi ahogan el guion que a ratos se pierde en tantos homenajes sin intentar ser algo propio, que pueda ser digno de homenajes posteriores.

La mejor forma de ver esta entrega es evitando comparaciones, porque aunque Colin Trevorrow es un director bastante competente, no está a la altura del ojo de Spielberg ni por asomo. No se acerca al sentido de asombro del original, ni mucho menos logra maravillar con algo impensado. Lo que sí consigue es una inyección de adrenalina y pavor como lo hacen en el cine slasher, mostrando al asesino de reojo, nunca completo, como si el espectador mismo estuviera corriendo de él.

Y cuando digo asesino, me refiero al nuevo monstruo, el Indominous Rex, y uso la palabra monstruo adrede ya que es así como se separan de lo conocido e intentan algo diferente que podría ser la fundación de probables secuelas. El nuevo dinosaurio, creado genéticamente con distintos ADN, es una verdadera máquina de matar, que comienza a desgarrar todo a su paso con suma inteligencia y frenesí. Es así como Jurassic World se convierte en una película verdaderamente cruel, y aunque muchas cosas ocurran sin sentido -como la muerte de un personaje que es prácticamente destruido por simple morbo-, como buen slasher se disfruta cada momento de espectáculo sangriento.

Por eso mismo, el guion no es de lo más inteligente aunque se esfuerza en serlo. A la par que ofrece un show de terror, hay una crítica misma hacia el cine más comercial de Hollywood, aquel que continúa simplemente ofreciendo algo “más grande” porque sí, sin mucha coherencia. Me agradaría más dicho mensaje si la película misma no hubiese terminado convirtiéndose en eso mismo, aunque es solo por la incoherencia, ya que el espectáculo me resulta impresionante igualmente.

Los protagonistas humanos se quedan en lo predecible, y la subtrama que tiene relación con los hermanos perdidos se torna cansina de lo cliché. Suficiente de los chicos sabiondos que resultan insoportables, y los hermanos mayores que ya no están interesados en la familia hasta que las cosas se ponen feas. El personaje de Dallas Howard se junta con Chris Pratt, que interpreta a un experto domador de velociraptores, y ambos buscan a los hermanos en medio del caótico escenario de la Isla Nublar completamente descontrolada.

Estos personajes son bien unidimensionales y aburridos, pero cuando hay dinosaurios en pantalla, especialmente después de que se desata el infierno, es puro entretenimiento del bueno, y pocas cosas serán tan fascinantes como Pratt manejando una motocicleta junto con raptores en medio de una cacería por el Indominous Rex. Las secuencias finales hacen que valga la pena los problemas previos, que no desaparecen, pero se mitigan un poco con la demostración de lo que son capaces estas criaturas.

Ahí es cuando más hace pensar en la posibilidad del proyecto rechazado años atrás, pues parece que varias ideas quedaron en el tintero y fueron utilizadas. Me da la sensación de que el título de Jurassic World no es una simple referencia al nuevo parque, sino un vaticinio de lo que podría llegar a ocurrir. La película misma establece señales para una secuela, y si persiguen esas ideas, creo que podrían hacer algo increíble.

Si no, pues de cualquier manera me parece un show palomitero memorable. En lo que solo puede describirse como una mezcla de Godzilla y Deep Blue Sea, esta cuarta película se disfruta mucho en su segunda hora, y más cuando tiene que ver con el equipo de seguridad intentando eliminar al Indominous Rex antes de que este elimine a todos. Aunque se lo ve poco, el nuevo dinosaurio tiene un terrorífico diseño, y gracias a los avances de la tecnología de efectos especiales, su realismo se traduce en un miedo palpable.

Así también los velociraptores, que se roban gran parte de la historia, son casi más héroes que los mismos protagonistas humanos, y sus muertes hasta se lamentan más. De hecho, el guion parece profundizar más en cómo estas criaturas evolucionan en la trama que en la relación de los sobrevivientes, y los diálogos hacen mucha referencia a los nuevos experimentos de ADN que tuvieron que hacer para revivirlos. Creo que solo basta sumar dos más dos, y la continuación ya se me hace muy anticipada.