‘Logan’, la brutal y emotiva despedida de Wolverine


Emmanuel Báez Marzo 2, 2017 0 Lectura de 6 minutes

No sucede muchas veces que, en el cine de superhéroes, un actor pueda entregarse un poco más allá de lo esperado y demostrar que puede ser algo más que un nombre y una fachada. Se trata de un género que apunta mayormente al espectáculo, y cuyos setpieces y escenas de acción son lo que realmente venden el boleto de entrada, y no así la caracterización del actor que encarna al personaje. Christian Bale como Bruce Wayne es una de las pocas excepciones porque Christopher Nolan tuvo la libertad de explorar al personaje como no se había hecho nunca, y después de una segunda película de Wolverine, el director James Mangold recibió la oportunidad de meterse de lleno en la mente del mutante como no ocurrió en ninguna de sus ocho apariciones.

Logan es la despedida de Hugh Jackman como el Hombre X que se volvió en el gancho principal de la mayoría de las películas, hasta el punto en que las producciones alteraron las tramas originales de los comics para convertirlo a él en el protagonista principal, tal como ocurrió con X-Men: Days of Future Past. En esta ocasión, en el ocaso de su vida, finalmente tenemos a Wolverine como el personaje lo merecía desde hace tiempo, y como se lo venían negando en Hollywood, donde los estudios tienen miedo a que el exceso de realismo arruine la taquilla de sus obras. Tal vez tengamos que agradecer a Deadpool, o al atrevimiento y la insistencia de Mangold, que ya tenía ganas de rendir homenaje al personaje en The Wolverine.

La trama de este episodio final se sitúa en un futuro donde supuestamente ya no existen mutantes. Los mismos han desaparecido, ya sea por razones naturales o por las continuas luchas que han tenido que enfrentar durante el paso de los años, acumulando más derrotas que victorias. Por razones lógicas, Logan ha logrado mantenerse con vida, y se ha estado ocupando con un trabajo mundano para un X-Men, manteniendo oculto a Charles Xavier en una locación remota al otro lado de la frontera. Sin embargo, sus días de aparente tranquilidad dan un giro inesperado cuando aparece una niña de 11 años que resulta tener las mismas habilidades que él, viéndose obligado a protegerla a pesar de sus propias dudas.

Logan se convierte así en una especie de roadtrip con ecos de western, sumándosele una exploración inusitada a la psique de un personaje verdaderamente único, cuyas motivaciones y experiencias lo transforman en uno de los más interesantes del universo de los comics. Gracias a la interpretación sentida de Jackman, que finalmente tiene más cancha para exponerse como el buen actor que es, Wolverine es más humano que nunca, y gracias a la libertad creativa que obtuvieron, la película tiene las secuencias de acción más brutales y emocionantes desde X-Men 2, cuando Bryan Singer todavía podía dirigir acción coherente. Uno pensaría que caerían en excesos y simplemente saltarían de un setpiece a otro, permitiendo que el personaje de Logan destripe a todos a su paso, pero el enfoque es uno más dedicado y maduro.

El año es 2029, y este mutante ya está con síntomas de que la vida finalmente le está pasando factura. Con una salud deteriorada y una fuerza disminuida, hay más tiempo de reposo, lo que significa en más tiempo con el Logan que nunca conocimos, aquel que sufría en silencio y no tuvo jamás oportunidad de conocer la verdadera felicidad. A su lado, pasaron muchos compañeros que seguramente habrán conseguido seguir adelante, tal vez formar una familia, y hasta vio cómo la mujer que amaba desaparecía, sin poder jamás acercarse a ella como lo soñaba. Logan siempre fue una declaración acerca de lo importante que es que la vida sea frágil, siendo él un mutante capaz de vivir muchísimo tiempo sanando sus propias heridas físicas, aunque nunca lo mostraron de una forma tan íntima y personal.

La aventura que se le presenta es una demasiado arriesgada, por lo que vacila en varias ocasiones con el objetivo de proteger a su amigo, el Profesor Xavier, pero cuando descubre que la pequeña Laura realmente necesita su ayuda para llegar a una locación clandestina donde podría encontrarse con otros jóvenes mutantes, encuentra en él mismo la valentía y la esperanza que alguna vez sintió. La entrega de Jackman está acompañada por la brillante interpretación final de Patrick Stewart, así como la fascinante presentación de Dafne Keen como Laura, alias X-23, que impresiona durante gran parte de la película sin decir una sola palabra. Ella es un casting perfecto en todo sentido, con un semblante que deslumbra entre la inocencia y la confusión de alguien que no sabe de qué es capaz, y que realmente necesita de la figura de alguien como Logan.

Esta producción es realmente muy diferente a todas las de la saga X-Men. Tiene un acercamiento mucho más realista, con un mínimo de efectos especiales, dependiendo más de la dirección de Mangold que realmente se luce, casi entregando una obra de autor, lo que resulta sorprendente teniendo en cuenta el panorama del cine comercial. Su trabajo es más reflexivo, y el hecho de que realmente se tome su tiempo, apreciando cada pausa y cada interacción entre los protagonistas, hace de esta odisea una carta de amor al personaje, que es lo que se merece como despedida. Por supuesto, cuando Wolverine se libera, la película se sobrecarga de acción sangrienta y lo hace de formas ingeniosas, jamás sintiéndose repetitiva ni desinspirada, y lo que es todavía más loable, es que se torna emotiva y trágica, como ningún film de superhéroe ha conseguido hacerlo hasta ahora.