‘Maléfica’, la sonrisa de Angelina Jolie


Emmanuel Báez Mayo 30, 2014 0 Lectura de 6 minutes

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Dudo que Maléfica sea recordada de acá a un año como algo más que un entretenimiento efímero, pero gracias a Angelina Jolie, entretiene y se deja ver como algo más que una excusa para gastar en efectos especiales y diseño de vestuario. Son unos cuatro años desde que Jolie actuó por última vez en The Tourist, que fue una terrible experiencia para todos (y quizás la razón perfecta para tomarse un descanso) y aunque en el entretiempo estuvo debutando como directora, todos esperábamos su regreso frente a cámaras. La propuesta de Maléfica es una bastante ligera para sus dotes, pero resultó ser una elección acertada, ya que definitivamente nunca la vimos de esta manera.

Y no me refiero al vestuario, a los cuernos, a los poderes, sino a una gracia inmaculada que la acompaña desde los inicios de su carrera, y que llegó a un punto de perfección hechicera que consigue conquistar en una historia que sencillamente no habría funcionado con otro rostro. Está la preciosa Elle Fanning como Aurora, el sobrio Sharlto Copley como el Rey Stefan, pero son nombres que podrían cambiarse en cualquier momento y el resultado sería el mismo. Obviamente no es una señal de una gran película, pero con Jolie realmente fabulosa en el centro, es difícil enfocar la atención en nada más.

Aunque la obra en sí se ve hermosa, como si cada secuencia hubiera sido dirigida por los jefes de cada departamento con el objetivo de resaltar el vestuario, el diseño de personajes, y los escenarios, ya que la dirección del debutante Robert Stromberg parece planeada de la forma más sencilla posible, simplemente para que todo se vea en su lugar. Pero es un logro, quizás uno decente, pero un logro de cualquier manera, más aún teniendo en cuenta los pasados intentos de Disney por revivir clásicos animados con una visión distinta. El ejemplo más cercano es Alice in Wonderland, que es un desastre de película por donde se la mire, mayormente por culpa de un Tim Burton creativamente oxidado.

Sin embargo, Maléfica es sencilla y bastante lineal, a pesar de que desde el principio se anticipa una historia diferente a la que conocemos por el clásico La Bella Durmiente. La trama arranca con el personaje titular, cuando esta es nada más que una niña, donde se revela que se trataba de un hada bastante particular en un lugar conocido como El Páramo, donde todas las criaturas vivían armoniosamente a pesar de que sus vecinos, los humanos, iban llenándose de celos y envidia. Al crecer, ella conoció el amor, aunque le fue correspondido falsamente por un chico que creció para convertirse en un hombre cegado por su ambición, hasta el punto en que engañó a Maléfica y le despojó de sus alas.

Para cuando las motivaciones se hacen muy superficiales, Angelina Jolie ya está en pantalla luciendo maravillosa, y la película va saltando de un evento a otro sin mucha conexión entre escenas. La conocida historia de la Princesa Aurora se hilvana con el nuevo relato de cómo Maléfica, considerada una de las más grandes villanas de la historia del cine, realmente tenía un corazón puro y sincero, enjaulado por culpa del desamor y el engaño del hombre. Pero a pesar de que eso pueda parecer simple, funciona porque los cambios son agradables y justificados, donde ya no se trata para nada de una historia de amor donde una dama es rescatada por un príncipe, sino por el amor de madre. Es un giro fresco bienvenido, y el cariño de Maléfica se hace verosímil gracias a una Jolie que realmente disfruta del personaje.

Hay algo de oscuridad como para tratarse de Disney, que hasta podría haber sido tétrica de no ser porque la mantienen limitada. El padre de Aurora, el Rey Stefan, va perdiendo lentamente la cordura hasta el punto de desatender completamente a su moribunda esposa y despertar por las noches a causa de pesadillas portentosas que presagian la venganza de la criatura que alguna vez dijo amar. Sus momentos de creciente paranoia se ven contrastadas por las escenas en las que Maléfica va encariñándose con la princesa, que está siendo cuidada (o algo parecido) por sus tres tías que en realidad son las tres hadas que prometieron resguardarla hasta su decimosexto cumpleaños.

Estas son las escenas en la que la película se pone divertida, cuando cala la ternura de la supuesta villana, y las irritantes hadas (interpretadas por Imelda Staunton en su mejor tono de Dolores Umbridge, Juno Temple, y Leslie Manville) son toleradas porque realmente no aparecen mucho. Es casi para lamentar esto último, porque con la película tomando los puntos claves de la obra original, realmente esperaba una versión bien jovial de la secuencia en la que las hadas preparan la torta de cumpleaños y el vestido de Aurora sin usar magia, que es uno de los momentos más memorables del clásico de 1959.

Otros momentos dignos de recordar reciben su merecida versión live-action, como el bautismo de la princesa, donde Jolie deja en claro que el personaje es totalmente suyo, y que su sonrisa sigue siendo tan magnética como para convertirse en portada de revistas. Probablemente no recordaré Maléfica de un tiempo a esta parte, pero si recordaré a la actriz y su sonrisa, que brilla gracias a una fotografía diseñada para hacerla centellear en cada plano. El resto se deja ver, con una banda sonora rimbombante, pero no memorable, algunas escenas de batalla que parecen ser requerimiento en adaptaciones de historias sobre magia y fantasía, y personajes secundarios que no son más que alivio cómico.

Más que nada, se destaca el mensaje de amor de madre por sobre el amor a primera vista de los clásicos de Disney, que son fácilmente motivos de burla en estos días, gracias mayormente a películas como Frozen que resaltan la fuerza de la mujer independiente. Aún así, el Príncipe Philip está al final de la historia, pero se agradece que su mera existencia no sea razón de mariposas en el estómago sino simplemente una oportunidad de algo futuro.