‘Rápidos y Furiosos 8’, octava a fondo


Emmanuel Báez Abril 17, 2017 0 Lectura de 6 minutes

La saga de Rápidos y Furiosos se convirtió en el epítome del cine comercial más entretenido y absurdo, ubicándose en el punto exacto de la misma definición de lo que son las películas palomiteras. Esta octava entrega es la hipérbole de todo lo que ya vimos hasta ahora, y no creo que exista un escenario en el que la novena o décima parte no terminen en el espacio o en alguna dimensión paralela. Francamente, las expectativas con respecto a lo que están haciendo en cada continuación es desorbitante, y no me avergüenzo en absoluto al decir que es ya una de las sagas más espectaculares de la historia del cine.

Rápidos y Furiosos 8 tenía mucho que superar: anteriormente ya vimos tanques, helicópteros, drones, y el Ojo de Dios, una tecnología de vigilancia que puede parecer ridículo en el contexto de esta saga, pero es cada vez más realidad que fantasía. Sin embargo, encima de toda la locura creativa en relación a las secuencias de acción, estaba el complicado tema de la ausencia de Brian O’Conner, tras la trágica partida de Paul Walker en el 2013. Necesitaban una buena distracción, y creo que lo consiguieron metiendo a Charlize Theron como una terrorista cibernética, y reuniendo a Dwayne Johnson, Jason Statham, y Nathalie Emmanuel, que son los nuevos peones en este tablero de alto octanaje.

En esta ocasión, tras un buen tiempo de estar alejados del juego (y con Brian retirado para continuar con su vida doméstica), Toretto recibe una noticia repentina que lo obliga a tomar una decisión drástica: traicionar a todos sus amigos, incluyendo a Letty, e ir a trabajar con Cipher (Theron), que lo coacciona con un secreto que cambia su vida para siempre. Por supuesto, sus amigos no creen que la traición sea real, y se embarcan en la misión de ir tras sus pasos, bajo las órdenes del trajeado sin nombre interpretado una vez más por Kurt Russell, que funge de Nick Fury uniendo a todos los protagonistas que realmente alcanzan niveles de superhéroe con cada acrobacia demente e inverosímil que realizan.

Después de que James Wan se haya probado exitosamente con la acción en Furious Seven, la nueva entrega es el turno del director F. Gary Gray de aportar a la saga. El mismo ya trabajó hace varios años en A Man Apart, donde Vin Diesel ya había experimentado con el género, y acá entretiene y asombra con algunos de los setpieces más espectaculares del cine de acción de los últimos años, siempre y cuando nos fijemos solamente en este tipo de producciones colosales donde el presupuesto no parece ser el problema. En primer lugar, una frenética persecución en las calles de la ciudad con un centenar de vehículos hackeados que funcionan bajo las órdenes cibernéticas de Cipher, termina en una caótica colisión múltiple que es un verdadero deleite para cualquiera que no tenga problemas con la vorágine de daños materiales que causan estos personajes cada vez que se ponen al volante.

Así también, el clímax es una deliciosa unión de diferentes secuencias que se van desarrollando en paralelo, que involucran a Diesel y compañía en algún lugar no reclamado de Rusia, tratando de escapar de un submarino reactivado que se mueve también bajo el poder del teclado de la villana de turno. Al mismo tiempo, la saga introduce nuevos miembros a la familia, con el personaje de Statham que parece compenetrar un poco con la química de este grupo que ya lleva varios años trabajando, algo que no tiene mucho sentido teniendo en cuenta que el mismo asesinó brutalmente a Han hace no mucho tiempo.

Ahí es donde el guion de Chris Morgan palidece un poco, algo que escribo estando plenamente consciente de que los guiones de estas producciones no son lo más destacado. En el afán de darle más sustancia a todo el “universo” de Rápidos y Furiosos, la introducción del personaje de Charlize Theron viene con alguno que otro retoque con respecto a las películas anteriores, ya que la misma afirma haber sido la jefa absoluta de los villanos de las entregas anteriores, algo así como el Thanos de Marvel. La nueva información no tiene mucho sentido en el contexto de las entregas anteriores, por lo que ya es demasiado forzado inclusive para esta serie, aunque Theron es fantástica hasta en la simpleza de su personaje, por lo que no importa demasiado. También está el tema de la familia, concepto un poco flexible en esta ocasión, puesto que el guion humaniza bastante a Deckard Shaw, como buscando que el espectador simpatice con el mismo, siendo negligente con el hecho de que el mismo fracturó el grupo solo una película antes.

Pareciera entonces que la familia ya no es tanto el tema principal de esta saga, sino que la misma se redujo un poco más a la grandiosidad de las secuencias de acción que, a decir verdad, son realmente espectaculares. Nadie siquiera recuerda que Dom tenía un hermano menor en la primera película. El pobre murió acribillado frente mismo a su casa, y nunca tuvo el merecido respeto ni la apropiada mención por parte del hermano mayor. Y ni pienso profundizar en el hecho de que, en algún momento entre films, todos se hicieron especialistas en manejo de armamento militar avanzado y técnicas de ataque con equipos ultra avanzados, o se graduaron de expertos en combate cuerpo a cuerpo más allá de lo callejero. Si uno buscara algo de coherencia y cohesión, terminaría en el medio de la pila de autos destrozados que van quedando a lo largo de los años.

Sin embargo, Rápidos y Furiosos 8 sabe exactamente lo que es y lo que tiene para ofrecer, y la dirección de Gray tiene un ritmo vertiginoso bien equilibrado y el suficiente respiro como para que cada situación descabellada divierta sin saturar. Supuestamente quedan dos películas más por delante, y sinceramente me intriga saber qué se les ocurrirá a continuación. Un lado mío anhela que bajen un cambio y prueben algo diferente como Tokyo Drift, que sigue siendo la que estuvo más interesada en sus protagonistas, mientras que otro lado espera que simplemente hagan explotar todo con las mismas básicas ambiciones de divertimento efímero que funcionan muy bien.