‘Resident Evil: Capítulo Final’, el final de las ideas


Emmanuel Báez Enero 30, 2017 0 Lectura de 4 minutes

Antes de entrar a ver Resident Evil: The Final Chapter, le dediqué tres minutos a un video donde Milla Jovovich recapitula todo desde la primera película hasta la penúltima estrenada, porque es evidente que semejante saga no necesita más tiempo para resumir todo lo acontecido. Al parecer, el director Paul W.S. Anderson opina lo mismo de su propio trabajo, ya que la última película inicia nuevamente con el personaje de Alice narrando todo lo ocurrido anteriormente, como afirmando que sus obras no son más que bazofias infumables que no tienen razón de existir. Si es adrede o involuntario, queda por verse, pero esta película no ofrece el mejor ejemplo en el uso de la narración como prólogo.

La trama inicia con la invencible heroína deambulando por las tierras desoladas de este futuro postapocalíptico habitado no solamente por zombies, como fue al principio, sino por toda clase de bestias mutantes que fueron evolucionando con el paso del tiempo. Alice sigue su camino y recibe información por parte de la Reina Roja, la Inteligencia Artificial que comanda la instalación secreta de la Corporación Umbrella, debajo de las calles de Raccoon City. Con una nueva pista que podría significar la eliminación total de todos los infectados por el Virus T, Alice acepta la misión final de tratar de conseguir esa cura y salvar a los pocos asentamientos de sobrevivientes que quedan en el planeta.

Ya en los primeros diez minutos de película, el director demuestra que sigue liderando en su incapacidad de filmar una secuencia de acción coherente, emocionante, y mínimamente convincente, marcando el estándar de lo que será la película hasta el final. La mediocridad de esta secuela no debería sorprender, pero me resulta penoso porque el primer título realmente no es un mal ejemplo de un film decente en el género de terror y ciencia ficción, y Anderson hizo películas más que interesantes como Event Horizon. Hasta le tengo cariño a Mortal Kombat y Soldier, esta última con una genial premisa de ciencia ficción que no tenía miedo en explorar algunos temas militares controversiales.

El mayor problema de esta última entrega de la saga es que se toma demasiado en serio, y simplemente no está a la altura de sus ambiciones técnicas o narrativas, ni mucho menos temáticas. No podría importarme menos que Alice descubra que su destino es sacrificarse por la salvación de los últimos sobrevivientes, ya que su desarrollo no se presta a un mínimo de empatía, y la caracterización de Jovovich no es más que aceptable, aunque físicamente siga teniendo la presencia necesaria. Iain Glen repite como el Dr. Isaacs, cumpliendo su propósito antagónico, aunque verlo acá después de Game of Thrones es algo triste. Otro de los pocos secundarios que valen la pena incluye a Ruby Rose, que le llega a agregar algo de valor a la producción, si bien su personaje no dura mucho.

Uno pensaría que al menos las secuencias de acción frenética podrían darle un punto a favor, pero la incongruencia entre escenas hace que estas pierdan cualquier fuerza que podrían conseguir con la energía que tienen, con simples problemas de continuidad que podrían haberse previsto y que resultan vergonzosos. Finalmente, entre la dirección de Anderson y la edición acelerada, no queda mucho por disfrutar.

Ni siquiera funciona en el aspecto gore que uno podría esperar de una película de calificación adulta sobre zombies y monstruos de toda clase. No hay una sola escena de acción sangrienta que pueda destacar, y eso era lo único que podía terminar salvando este despropósito, que realmente espero sea la última vez que vea a estos personajes en pantalla grande. Quizás también sea que el género está sencillamente agotado, y a menos que tengamos títulos que ofrezcan algo diferente -por ejemplo, Train to Busan-, no hay que esperar demasiado de estas obras, pero creo que hasta con las expectativas mínimas, Resident Evil: The Final Chapter no califica ni para un domingo de tarde.