‘Talentos Ocultos’, una historia de superación y prodigio


Emmanuel Báez Marzo 9, 2017 0 Lectura de 5 minutes

Talentos Ocultos es el éxito inesperado de la temporada, aunque el abrazo que le está dando la crítica internacional no es realmente sorprendente. Después de todo, es la historia real de un trío de amigas afroamericanas que se convirtieron en importantes eslabones para la NASA en la época en la que estaban buscando conquistar el espacio, aportando datos matemáticos e información de ingeniería necesaria para que los proyectos puedan llevarse a cabo con éxito. Es la típica historia real edulcorada para atraer al máximo público posible, sin intenciones de profundizar demasiado en los conflictos subyacentes que son la raíz de los problemas.

Por supuesto, eso no significa que sea una mala película. De ninguna manera. Fácilmente podemos meterla en la categoría “feel-good” del año, ofreciendo un argumento superficialmente tenso, pero agregándole los ingredientes suficientes como para que el desarrollo deje una sensación de alivio y alegría. Eso es bueno. Es bueno festejar los logros conseguidos por este grupo de amigas, y de cualquier minoría que haya sufrido en el pasado y lo siga haciendo. Ciertamente estos logros en particular son realmente encomiables porque ayudaron a los Estados Unidos a que el primer hombre pueda orbitar la Tierra y regresar sano y salvo. Es el tipo de cometido que termina destacando en los libros de historia, e inspirando a generaciones venideras.

El director Theodore Melfi (St. Vicent) toma el guion firmado por Allison Schroeder, que adapta la novela homónima de Margot Lee Shetterly, y cuenta la historia mayormente desde el punto de vista de Katherine Goble (Taraji P. Henson), una mujer prodigiosa en las matemáticas, y su aporte a la carrera espacial, al mismo tiempo que lucha contra la discriminación en la NASA. Estamos hablando de finales de los años 50, cuando la institución todavía tenía baños segregados y los matemáticos afroamericanos trabajaban en zonas separadas, cuyas salas tenían carteles que indicaban “Computadoras de Color”.

A ella la acompañaban Dorothy Vaughn (Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monáe), esta última una verdadera revelación que vaticino encabezará películas más adelante. La primera trabajaba como supervisora (aunque no le dieron oficialmente el cargo y el salario hasta mucho tiempo después), mientras que la segunda trabajaba como asistente de ingeniería, aunque tiempo después peleó por su derecho para seguir la carrera de ingeniería y convertirse en la primera afroamericana en hacerlo. A la cabeza de las misiones espaciales en ese entonces estaba Al Harrison (Kevin Costner), y ahí está uno de los problemas de la película.

Si bien el cine está ayudando bastante a amplificar la lucha, tampoco está exenta de sus pecados por miedo a no ser lo suficientemente exitosa. Uno de los momentos más relevantes de la película es cuando el personaje de Katherine Goble, exacerbada por tener que correr todos los días más de un kilómetro para poder usar el baño de afroamericanos, se descarga contra todos poniendo en evidencia la repulsiva discriminación que sufre constantemente, la cual pasa desapercibida hasta entonces porque es tomado como acto cotidiano normal. Ante este evento, su jefe decide destrozar los carteles de segregación, anunciando que ya no existirán más baños diferenciados en toda la NASA. Es una escena conmovedora, pero que una vez más pone al hombre blanco salvando el pellejo de la minoría, cuando el acto real de Goble fue mucho más digno de destacar.

La realidad es que Goble simplemente comenzó a ingresar a los servicios destinados para los “blancos”, enviando un mensaje mucho más interesante de desafío ante la autoridad y las costumbres retrógradas de la época. Ella no tuvo necesidad de que alguien la salvara de esa prueba, ya que tenía la tenacidad suficiente como para no seguir el camino sumiso de otros. Aun sin conocer este dato, la escena queda como una más de las infaltables que crean héroes falsos solamente para apelar a todo un grupo demográfico ante el temor de herir susceptibilidades que no tienen por qué sentirse ofendidas. Si bien la película es más que competente en relatar una historia importante, está estructurada de manera a no sentir jamás de manera humillante ni duradera el desprecio sufrido por la protagonista, ni sus dos amigas.

Acompañan Kirsten Dunst, Jim Parsons, y Mahershala Ali en roles necesarios y más que aceptables y también predecibles. La historia en sí se disfruta bastante, en parte porque es una historia no contada hasta ahora y no se puede ignorar el júbilo colectivo, por más que sea bastante patriótico en su enfoque. Las interpretaciones están a la altura, pero realmente destaca Janelle Monáe por sobre todas, y ya veo su rostro en próximos estrenos de gran envergadura. Al final, la película cumple su objetivo que es entretener con una historia real de superación y prodigio de esos que realmente inspiran e invitan a leer el caso real una vez que los créditos comienzan a subir.