‘Titanes del Pacífico’, entretenimiento de otra dimensión


Emmanuel Báez Julio 14, 2013 0 Lectura de 7 minutes


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Aún cuando seguía viendo Pacific Rim de Guillermo del Toro, sabía que tendría que verla nuevamente para tratar de disfrutarla sin tanto entumecimiento mental por la espectacularidad de la cual estaba siendo testigo. Y eso es algo que digo conociendo realmente poco de series anime sobre mechas vs monstruos, aunque disfruto imaginando por un segundo cómo la habrán sentido quienes crecieron viendo esta clase de material. Sí puedo decir que esta magnífica obra me hizo recordar películas como Robot Jox, Crash and Burn, Ghidorah, y por supuesto, Godzilla. Si una película te provoca muchas ganas de ver otras que podrían haberla influenciado no hay muchas vueltas que dar, es porque sencillamente está bien hecha. Pacific Rim es un ejemplo notable de cine comercial hecho con una mirada de autor que se evidencia por la pasión que destila cada cuadro de película.

Es innegable que Guillermo del Toro apela en gran parte a la memoria del público, aunque aún despojándole de sus pretensiones nostálgicas, es una épica de proporciones colosales que deja una marca indeleble en el cine de género. Con sus clichés, sus personajes estereotipados, su exposición de la trama y su final algo insatisfactorio, no se cuestiona su grandeza, sus logros inmediatos y los logros que le serán adjudicados cuando pasen los años y hagamos una mirada hacia atrás, recapitulando el valor del cine más comercial buscándole los títulos más memorables dentro de una temporada repleta de precuelas, secuelas y adaptaciones. Pacific Rim es un punto fijo que merece ser ovacionado no solamente por sus intenciones sino porque se trata de un momento histórico en el cine que probablemente no se repita en mucho tiempo, aunque afortunadamente todavía tenemos otros cineastas como Neil Bloomkamp que no descansan en favor de historias originales.

Es lógico que hay muchísima historia detrás de la premisa, que en otras circunstancias sería interesante explorar, pero con poco más de dos horas de duración, se entiende la necesidad del prólogo condensado y acelerado para tirar la información necesaria al espectador antes de arrancar con una enorme pelea que de entrada ya no da respiro. Son 20 años desde la primera aparición de los kaiju y los hermanos Raleigh y Yancy Becket son los mejores controlando un jaeger denominado Gipsy Danger, con el cual ya vencieron a varios gigantescos monstruos defendiendo ciudades y millones de personas. Raleigh es el típico hermano menor insubordinado que se emociona ante la posibilidad de salir a patear traseros, mientras idolatra a su hermanos mayor, más calmado y sabio. Por supuesto, durante este primer espectacular enfrentamiento, Raleigh es testigo de cómo su hermano es arrancado de su lado por el kaiju que luego termina destruyendo. Luego de una brillante introducción, estamos ante una película que empieza en el fin de una historia, muy cerca del fin del mundo.

Ese es el primer gran punto a favor. Pacific Rim tiene claramente un inicio, un medio y un final, pero no quiere perder el tiempo contando una historia de origen, algo que estamos recibiendo con cada blockbuster de temporada durante los últimos cinco años. Esta es una historia que empieza al final y durante el desarrollo aprovecha para explorar sutilmente el mundo que surgió con la aparición de los monstruos. Mientras acompañamos a Raleigh que es reclutado de nuevo cinco años después de la muerte de su hermano, cuando el programa Jaeger está por desaparecer, tenemos un rápido vistazo a la política, la sociedad y los negocios que se formaron en las últimas décadas, y aunque es una mirada superficial, enriquece el progreso de la película para no estar solamente centrados en los protagonistas, que de por sí reciben el desarrollo suficiente. El héroe que honra la memoria de su hermano, la heroína que busca venganza, el mentor que sabe más de la vida que todos los demás. Son los estereotipos de siempre arrastrando sin mucho esfuerzo un producto que sabe exactamente a qué iría uno a verla.

Y es que no se puede ver la película analizando sobremanera más allá de las impresionantes secuencias de combates entre mechas y monstruos, que mezclan con incuestionable verosimilitud efectos prácticos y efectos digitales, haciendo que el peligro se sienta real en todo momento y agregando una ligera capa de emotividad suficiente como para querer que los buenos terminen ganando, pero no tanto como para lamentar los esperados sacrificios. Es una película en la que la mejor actuación la da una nena de 10 años, y de lejos, así que no tiene sentido buscar más allá de lo evidente. Charlie Hunnam, Rinko Kikuchi e Idris Elba están todos simplemente bien en sus papeles, así como los alivios cómicos traídos a flote por Charlie Day, Burn Gorman y Ron Perlman. Aún con sus personajes predecibles, la historia da algunos giros de tuerca interesantes que le otorgan igualmente algo de novedad, por ejemplo, el típico padre luchador que se sacrifica por el bien mayor dejando al valiente hijo detrás, acá sucede al revés.

Guillermo del ToroTravis Beacham (guionista) son bastante claros en lo que desean conseguir y no pretenden jamás ofrecer algo más que eso sino en precisas pinceladas. El factor humano queda un poco relegado, pero una vez que comienzan las batallas entre jaegers y kaijus, nada más importa. Es una inyección de adrenalina que no se detiene hasta que apeligra volverse repetitiva, y luego cambian el juego aumentando la apuesta. Comienza siendo uno contra uno, dos a uno, dos a dos y para cuando termina y parece que ya mostraron todo el arsenal que tenían, la invasión alienígena sube de nivel. Desafortunadamente, parece que tras tanto despliegue de frescas y más que entretenidas peleas, mucho no saben que hacer con el desenlace y terminan resolviendo todos los problemas de forma muy conveniente. El último gran kaiju que aparece, la amenaza más grande hasta el momento, dura muchísimo menos que los que vinieron antes y su presencia no resulta tan amenazadora ya que no lo vemos realmente demostrar su poder. A eso hay que sumarle un clímax que, aunque vistoso y alucinante, decepciona un poco porque no se animan a darle a los héroes (o al menos a uno de ellos) el final que realmente merecían.

Dejando de lado estos problemas (irrelevantes en la imagen general), no hay más nada que reprochar, excepto quizás, la banda sonora de Ramin Djawadi, que tira más por el lado rockero, a veces solo acompañando las secuencias más impresionante y a veces ni tanto, pero nunca ensalzando los momentos más épicos de la historia que realmente hubiesen sido más imponentes con orquesta completa. Por otro lado, la fotografía de Guillermo Navarro, metálica con toques de neón, es lo que ayuda en gran parte a dar vida creíble a los protagonistas no humanos, los mechas y los monstruos, hasta en los momentos donde más se mimetizan con el entorno que destruyen. Y así, sin más, con una acción siempre comprensible, con una variedad en los jaegers y los kaijus que también obliga a un segundo visionado, con un diseño admirable hasta en los más mínimos detalles, Pacific Rim es lo mejor que lo ocurrió al cine de monstruos desde que los japoneses decidieron juntarlos en películas independientes hace más de cincuenta años.