‘Tomorrowland’, una tibia oda al optimismo


Emmanuel Báez Mayo 30, 2015 0 Lectura de 5 minutes

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Tomorrowland es lo que puede llamarse un hermoso desastre. Tiene ideas visuales fantásticas, y personajes con bases prometedoras, pero la coherencia queda relegada en favor de algo que realmente no tiene forma más allá de un apartado visual asombroso y secuencias de acción soberbias que son firmadas por un Brad Bird que no decepciona en cuanto a dirección. Lastimosamente, el guion que tiene entre manos nunca se decide sobre lo que quiere contar, ni cómo quiere hacerlo, y todo está destinado a quedar en lo tibio.

Esa es la culpa de Damon Lindelof, guionista de Prometheus y Star Trek Into Darkness, películas que tienen el mismo problema que Tomorrowland, así que eso da una pauta de que alguien como Lindelof, que podría ser la persona más maravillosa del mundo, quizás tenga mucha pasión, pero el talento no va de la mano. Hay un límite en cuántas preguntas una película debería dejar en el aire al desenlace, y aunque no existe un número fijo, existe la sensación de vacío que nunca es una buena señal.

Desde el principio se me hacía un poco alienante, como suele suceder con las películas donde las narraciones son descaradas y pretenden pasar la cuarta pared como una forma de comunicarse directamente con el espectador para avisarle que hay una lección importante a la vuelta de la esquina. Y luego la narración se interrumpe cada dos minutos como intento de chiste que se gasta a la tercera ocasión. Es esa clase de película, y tenía ganas de que el recurso se terminara y comience la historia.

La misma sigue a Casey Newton (Britt Robertson), una adolescente empujada por su sed de conocimientos tecnológicos, que es contactada por una misteriosa niña de nombre Athena (Raffey Cassidy) con la misión de viajar a una dimensión alterna y salvar al mundo con la ayuda de Frank Walker (George Clooney), un hombre que alguna vez estuvo en dicha dimensión y ayudó a mejorarla. Creo que es la mejor sinopsis de una película que tiene serios obstáculos para llegar a su objetivo.

Y es una lástima, porque no se hacen películas como Tomorrowland. La intención final de Bird y Lindelof es realizar una oda al optimismo, entregar un mensaje acerca de la importancia de mantenerse positivos, y buscar siempre la forma de evitar que el pesimismo globalizado funcione como un freno para los soñadores, aquellos que tienen la capacidad de hacer que el mundo sea un lugar mejor. Es realmente admirable que hayan querido hacer una obra con un villano abstracto presente en la mente de las personas, pero no llega a ser convincente.

La cuestión es que hay demasiadas preguntas que uno va haciéndose inevitablemente, y nunca son respondidas debidamente. O lo que es peor, hay preguntas inherentes al desarrollo de la historia, que lógicamente tendrían que hacerse los protagonistas, pero nunca son el centro de al menos una línea de diálogo que explique un poco la naturaleza de las cosas. Me hubiese encantado saber más de Tomorrowland, cómo fue descubierto, cómo fue fundado, y más importante, cómo fue destruido si el acceso a la Tierra fue habilitado solo para unos pocos, entre otras cosas.

Surgen otros inconvenientes que por lo general ya son incoherencias de un guion poco trabajado, pero quiero perdonarlos porque los escenarios de la película son maravillosos, y podrían llegar a anonadar al más despistado. Es una fantasía futurista de antaño, que emula los pensamientos de artistas de inicios del siglo pasado acerca de cómo sería el futuro. Los gadgets más imposibles, los vehículos más inverosímiles. Hay un cuidado al detalle visual estupendo, que seguramente será un deleite en los extras del DVD o BluRay cuando sean lanzados.

El diseño de producción está por encima de todo, para bien y para mal. En una era en la que se hacen más películas sobre los peligros de la inteligencia artificial y la industrialización robótica, es fresco ver de nuevo simplemente robots asesinos -aunque no tiene el más mínimo sentido que hayan sido programados de esta manera- con diseños infantiles. Estos son los momentos en los que la película se hace mucho más llevadera, cuando tiene que ver con Athena demostrando sus habilidades y poco con Casey demostrando que no es tan inteligente como la necesitan.

Realmente quería que me gustara más, porque las partes buenas son inspiradoras, pero las partes malas hacen un penoso contrapeso que hasta puede decepcionar por lo ilógico de ciertas situaciones que se desarrollan sin sentido alguno. George Clooney está sólido, y su relación con Athena es lo que hace que la historia tome fuerza, y poco o nada se puede decir de Hugh Laurie, que hace del rostro del cinismo y cumple su función para la moraleja, pero nada más que eso. Puedo ver fácilmente porque el proyecto apasionaba a Brad Bird, pero no creo que del guion a la pantalla haya sido un camino soñado.

Aún así, no es para decir que Tomorrowland es mala. Sigue siendo una película única en muchos aspectos. Es un alivio seguir a dos personajes femeninos en una aventura y que no hablen de un chico durante un buen rato. Es uno de varios puntos a favor, sin dejar de mencionar el asombro experimentado al admirar los distintos setpieces que se desarrollan en el mundo alterno de Tomorrowland, y los que tienen que ver con Athena hacia este lado. Si se hubiesen preocupado más por las motivaciones y las coherencias entre los actos, estaríamos hablando de otra forma.