‘Rocky Balboa’, el legado del campeón


Emmanuel Báez Febrero 5, 2016 0 Lectura de 5 minutes

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Sylvester Stallone realmente no estaba contento con Rocky V, así que durante mucho tiempo quiso hacer una sexta y última película. Recién en el 2005 pudo seguir adelante con el proyecto, que terminó titulando simplemente Rocky Balboa, como un merecido tributo que realmente tocó todas las fibras correctas para convertirse en una historia emotiva y nostálgica, no solamente acerca de un hombre buscando su lugar en la vida, sino acerca de toda una generación que creció con su imagen. Como hizo desde el principio, Stallone también se plasmó a sí mismo en la película, en una era en la que Hollywood ya no era nada considerado con actores veteranos que tuvieron su carrera al máximo durante los ochenta y los noventa. Se puede sentir que muchas de las emociones son genuinas, en especial las del actor descargando su frustración y sus anhelos perdidos.

En la película, estos anhelos dejados atrás llegan a través del recuerdo de Adrian, la mejor amiga y esposa de Rocky, que ya falleció varios años antes. Balboa la visita constantemente, sentándose frente a su lápida y rememorando mejores tiempos, cuando su presencia hacía todo mejor y sus palabras de aliento eran todo lo que él necesitaba para seguir adelante. Ahora es un hombre convertido en una leyenda, que tiene un restaurante y un legado que está haciendo que su hijo se mantenga distanciado de él. Este es Rocky en un estado muy vulnerable de soledad y desconcierto, buscando una conexión con el mundo que lo rodea y que es muy diferente a lo que había conocido una vez que llegó al título de campeón.

Quizás haya sido la propia fragilidad de Stallone lo que hizo que su guion haya tenido tanta humanidad. Hay una completa coherencia entre el héroe y todo lo que le sucedió antes, incluyendo la pérdida de su esposa, que ni siquiera es parte de ninguna de las películas. La forma en la que cuenta es como si uno mismo hubiera vivido esa repentina muerte, con un emotivo paseo que Rocky da cada año para recordar los mejores momentos que pasaron juntos. Estas películas nunca fueron sobre boxeo, sino acerca de un hombre solitario que todo lo que deseaba era encontrar a alguien en el mundo que confiara en él, exactamente cómo era.

El primer gran acierto de la película es reconectar a Rocky con su juventud. En un paseo por la nostalgia se vuelve a topar con la pequeña Marie, interpretada con gracia por Geraldine Hughes, a quien había reprochado varias décadas atrás por andar con vagos y estar a altas horas de la noche fuera de su casa. Fue una de las secuencias más humildes de la primera película porque mostraba a Rocky cómo era, un muchacho conocedor de las calles de su ciudad, pero preocupado por las personas que la transitaban, en especial los más jóvenes, porque sabía lo que era deambular por la vida sin tener un rumbo fijo. Después de todo, Rocky trabajaba para usureros, amenazando deudores, aunque era evidente que no era lo que quería para su vida.

La relación que forma con Marie es una que evoca en cierto sentido a la que tuvo con Adrian, razón por la cual se vuelve en alguien importante para él de forma inesperada. Lo hace sentir viejo, pero a su vez lo hace sentir más vigoroso porque ella le atribuye en parte a su escarmiento el hecho de que ahora es una mujer trabajadora, buscando el pan para ella y su hijo. Eso conmueve a Rocky, que hasta entonces vivía contando anécdotas en su restaurante, arrastrando a Paulie en sus remembranzas, e intentando vincularse sin éxito con su hijo, que lo culpa por vivir con una gran sombra encima de él. La relación con su hijo quizás no sea tan trabajada, o tal vez sea porque Milo Ventimiglia tiene el rango emocional de una piedra, pero de todos los conflictos del guion, es el menos interesante.

Claro que a pesar de ser un drama muy íntimo sobre la edad y la soledad, sigue manteniendo esa intensidad cuando llega la hora de boxeo porque uno nunca puede esperar menos de Stallone. La brutal paliza que se dan con Antonio Tarver es grandiosa y emociona hasta el núcleo de cualquiera que lo haya acompañado durante toda su travesía, tanto del personaje mismo como del artista que lo creó, que prueba con esta pieza que puede ser un actor sólido y memorable cuando el material que tiene entre manos así lo permite. Es un gran final para su legado, uno que tiene su merecido lugar en la historia del cine.

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