‘The Story of Ricky’, artes marciales y gore oriental impresionantes


Emmanuel Báez Abril 21, 2016 0 Lectura de 3 minutes

the story of ricky

Uno puede ver unas veinte películas gore occidentales, y luego ver una sola oriental, y la diferencia será notable. Hay algo en la cultura cinematográfica oriental que hace que el tipo de cine sangriento sea mucho más impactante y memorable que el noventa por ciento de los títulos realizados hacia estos lados. La esencia misma del cine oriental -y en el caso de The Story of Ricky, el cine de Hong Kong- permite una libertad mucho más atractiva para este tipo de películas, que dejan una marca sin importar que la mayoría se vean iguales.

The Story of Ricky (1991) es un festival grandioso que merece estar en lo más alto del cine gore, aunque ya cae mejor en el splatter, por sus numerosos momentos increíbles que van más allá del género y deleitan con situaciones desopilantes, manteniendo la seriedad que jamás toca lo paródico, pero se queda ahí a unos pasos, disfrutando de su propia genial existencia. No lo digo yo, lo dice el cine mismo de Hong Kong, que dio por primera vez a una producción nacional una calificación especial por la extrema violencia.

Basado en un popular manga homónimo, la trama sigue a Ricky, un joven de 21 años con una fuerza sobrehumana, que es encarcelado por homicidio involuntario y es enviado a una cárcel privada. La prisión a donde va a parar es un lugar manejado por hombres corruptos, que usan la instalación para llevar a cabo negocios de contrabando de opio, algo que Ricky descubre y decide quedarse para tratar de limpiar el lugar. “Limpiar” en el sentido moral, ya que la prisión termina más sucia que antes, repleta de sangre y tripas que se desparraman por todos lados, a causa del puño del justiciero.

A pesar de la seriedad, la trama no ofrece muchos puntos coherentes. Ricky arriba a la prisión, e inmediatamente desarrolla una sed de justicia que no tiene lógica alguna. Sin embargo, vale la pena seguirlo porque no tendrá piedad, y terminará desmembrando a cada miembro de los que están haciendo de las suyas en la prisión, generando caos y causando estragos entre los presos más vulnerables, aquellos que solamente desean cumplir con su condena y regresar con sus familias, arrepentidos.

Mientras va eliminando matones, Ricky recuerda su entrenamiento y su vida antes de convertirse en un justiciero, una vida que involucraba la compañía de una dulce mujer, cuya vida acabó trágicamente por culpa del crimen y la injusticia. Cada recuerdo hará que su fuerza vaya aumentando, al mismo tiempo que pelea contra villanos expertos en artes marciales, con poderes sobrehumanos iguales o más desarrollados que los de él. Como sucede en la mayoría de los títulos del género, lo mejor viene cuando hay pelea y la producción se ingenia de forma impresionante por encontrar maneras de descuartizar más cuerpos.

Hay niveles de locura que realmente no vi en otra película. En una escena, Ricky recibe un corte profundo en su brazo derecho, pero momentos después se vuelve a atar el tendón sin ningún esfuerzo, pudiendo usar el brazo para seguir peleando. Por razones que no importan, la pelea final involucra al dueño de la prisión, que tiene la habilidad de convertirse en una especie de Hulk tercermundista, resultando en una pelea fascinante. Son solo dos de los incontables momentos de gore asombroso que no tienen desperdicio alguno.